Ir al contenido principal

La Humanidad de Dios

Karl Barth

"La Divinidad de Dios debidamente entendida incluye también su humanidad"



Las notas que a continuación se presentan, han sido tomadas de una conferencia que dictó Karl Barth el 25 de Septiembre de 1956 para el Congreso de la Asociación de Párrocos Reformados Suizos; las cuales fueron incluidas en “Ensayos Teológicos.”

            La humanidad de Dios dice Barth es: “la relación y donación de Dios al hombre; Dios que le habla con promesas y preceptos; el ser, la presencia y la acción de Dios en favor del hombre; la comunión que Dios mantiene con él; la libre gracia de Dios, por la cual no quiere ser ni es otra cosa que el Dios del hombre.”

            Según el análisis de Barth, la teología en el siglo XX ha cambiado de rumbo, ahora la preocupación se ha centrado no tanto en la divinidad, sino en la humanidad de Dios. Las relaciones de Dios con el hombre son específicas, lo alto y lejano, lo extraño, lo absolutamente Otro, son el material de estudio para la teología. La tarea consiste en el reconocimiento de la humanidad de Dios, a partir del reconocimiento de su divinidad.

            La teología dominante, que se había impuesto desde hacía dos o tres siglos, la cual era liberal y positiva; tenía a la divinidad de Dios como “una forma encubierta de pensar en el hombre, y más concretamente, en el hombre religioso y cristiano. Indiscutiblemente, el hombre se había engrandecido a costa de Dios. Y con Dios que sale al encuentro del hombre con el otro y soberano, que está frente al hombre como su Señor, su creador y su redentor insustituible e inmutable, como libre compañero del hombre en una historia que él mismo (Dios) puso en marcha y en un diálogo dirigido por él; con este Dios divino, esa misma historia, ese diálogo, amenazaba con troncarse en una representación piadosa, en expresión y símbolos míticos de un impulso oscilante entre el hombre y su propia altura o profundidad, cuya verdad sólo podía ser la de un monólogo y la de sus temas, en todo caso palpables.”

            Lo cierto es que hay un énfasis en el cambio que debería tener la teología con respecto a la humanidad de Dios, tenemos que impresionarnos entre la realidad de que “Dios sea Dios”; pero también con lo que se tiene que decir de su humanidad. En la Biblia el interés teológico del que hablaba la teología se centraba en Dios; un camino que se extiende de arriba abajo; un mensaje, “el del inesperado perdón de los pecados pasados y futuros”, mientras que el mundo adolecía con el problema de la ética, la cual se identifica con la enfermedad mortal del hombre; tal mensaje de liberación hacia perder a la creatura su condición de ser creador, en el que la realidad del mundo sería absorbida por lo eterno; en consecuencia, “la invitación a la fe era como un salto en el vacío.”

            La pregunta de Barth invita al análisis y a la propuesta: ¿Dónde había y hay que encuadrar el nuevo cambio? Como preparación a la respuesta, Barth piensa en Calvino y la Reforma Protestante, la cual nos enseñó que Dios lo era todo y el hombre nada. Ocasionalmente se dejaron oír ciertos reclamos al humanismo, y más en concreto al humanismo platónico, del que procedía el propio Calvino.

            Ahora dice Barth, “ya no podemos identificar a la divinidad a la que la Biblia llama Yahveh-Kyrios con el concepto de un Dios que es 'completamente Otro', un Dios que está en el aislamiento, la abstracción y absolutización con lo que por aquella época se le enfrentaba a ese pobre diablo llamado hombre.”
            La nueva teología ha de tratar de la convivencia del Dios soberano con el hombre, fundada en Dios mismo, decidida, determinada y ordenada por Él.

            La conclusión de Karl Barth al respecto de la humanidad de Dios determina “quién es Dios y qué es su divinidad, lo manifiesta y revela, no en el marco vacío de un ser-para-si divino, sino que lo hace de una manera auténtica precisamente en el hecho de que existe, habla y actúa como compañero del hombre, aunque sin duda como compañero de él. Quién hace eso es el Dios vivo. Y la libertad con que lo realiza es su divinidad. La divinidad que por sí misma tiene también carácter de humanidad. De esta forma, y sólo de esta forma, había y hay que oponer la tesis de la divinidad de Dios a la teología de antaño: con una aceptación positiva, no con el rechazo atolondrado de la partícula veri  que es imposible negarle, aun penetrando íntimamente en su divinidad.”

Comentarios

Entradas más populares de este blog

Jürgen Moltmann sobre el Rapto y “Dejados Atrás”

Jürgen Moltmann discute el problema del escapismo religioso, con el atractivo particular de la teoría del rapto, en su libro, Ética de la Esperanza:
Un escapismo religioso está saliendo a relucir mediante la difusión actual de una sublime religiosidad gnóstica en cuanto a redención se refiere. La persona que se rinde a esta religiosidad se siente a gusto en 'el mundo del más allá' y se ve como un invitado en la tierra. Esto se debe a la manera en cómo le preocupa el destino de la vida en esta tierra. Que su alma vaya al cielo, es lo principal. En su cuerpo y en la tierra, no era más que un invitado, por lo que el destino de este hogar realmente no le preocupa demasiado. Las prácticas religiosas que exaltan la indiferencia a la vida tienen muchos nombres. [...] El apocalíptismo-pop ofrece un escapismo especialmente dramático. Antes de las grandes aflicciones del fin del mundo, los verdaderos creyentes serán "arrebatados", llevados al cielo, para que puedan construir…

El No de Karl Barth A la Enseñanza Del Infierno

Una de las palabras que caracterizaron al teólogo Karl Barth fue ¡Nein! (No). Su no, era una negación imperativa hacia esas partes de la doctrina evangélica con las que no estuvo de acuerdo. Y la doctrina del infierno era una de ellas. Barth decía que “el infierno sólo puede tomarse en serio en cuanto a su derrota”. Por esa razón, Barth ofrece un poderoso no a la enseñanza del infierno como parte de la proclamación del evangelio.
Brian Leport reproduce en su blog algunas citas del libro “Karl Barth in convertation” (Conversaciones con Karl Barth), sobre la enseñanza del infierno. Al respecto, Barth también señala que el concepto del infierno, “no debería ser utilizado como herramienta de manipulación para atemorizar a la gente en sus creencias”.
Barth, también trata el mismo tema en su Dogmática Eclesiástica, cuando hace referencia en el libro II sección 2, a la doctrina de la elección. Sólo que en la Dogmática, trata el tema en relación a Jesucristo como aquel que sufrió el destin…

El Mensaje Anti imperial de Jesús en el Evangelio de Marcos.*

A pesar de que Antonio Negri y Michael Hardt hayan sucumbido a la tentación de diluirse en la posmodernidad de un izquierda que hoy pretende hacerse amiga de una política globalizadora, es necesario hacer hincapié que todavía existen límites en cuanto a términos políticos se refiere. Según la tesis de Negri1, Imperio e imperialismo no son parte de un mismo sistema. Negri dice que “el imperialismo fue realmente una extensión de la soberanía de los Estados-nación europeos más allá de sus fronteras”; la soberanía moderna a muerto y dio lugar al imperio. El imperio no es ya más un ente geográfico ni un poder ontológico, sin embargo, el imperio:
no establece centro territorial de poder, y no se basa en fronteras fijas o barreras. Es un aparato de mando descentrado y deterritorializado que incorpora progresivamente a todo el reino global dentro de sus fronteras abiertas y expansivas. El imperio maneja identidades híbridas, jerárquicas flexibles e intercambios plurales por medio de redes m…