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¡Maranatha!, ¡Ven Señor!

OSCAR CULLMANN


Podemos comprender mejor todo lo que esperaba la Iglesia cuando oraba diciendo: ¡Maranatha! ¡Ven Señor! Los fieles reunidos no pedían simplemente que Jesús apresurara el día de su retorno final, sino también que se les mostrara en medio de la Iglesia, reunida en torno a la mesa, como se había aparecido el domingo de pascua, para consolarla y ofrecerle la certeza de su próximo regreso. Para aquellos que experimentaban la venida de Jesús en la fracción del pan, la esperanza de su retorno definitivo no era un dogma en el que sólo se cree por tradición.

Así podemos ya entender el doble sentido de oración ¡Maranatha! para aquellos que la pronunciaban. Por un lado, significa: «¡Ven, Señor, al fin de los tiempos para establecer tu Reino!». Por otro, esa misma oración significa: «¡Ven ya ahora mientras estamos aquí reunidos para la cena!». La Iglesia primitiva no solamente esperaba el fin de los tiempos, sino que lo vivía inmediatamente en el banquete eucarístico. El culto cristiano es, en efecto, un culto (Jn 4, 23), es decir, en el Espíritu, que es propio del fin de los tiempos.

A la luz de la experiencia viva de su venida en medio de los suyos se comprende mejor que Cristo haya podido ser considerado, al mismo tiempo, Señor de la Iglesia y Señor del mundo. Volvemos aún sobre esta paradoja singular que expresa muy bien la idea que el cristianismo primitivo tenía del Kyrios: Cristo es Señor de esta pequeña comunidad que representa su cuerpo en la tierra y a partir de ella ejerce su soberanía sobre el mundo entero. La Iglesia se presenta realmente como el centro de la soberanía universal del Cristo. La antigua oración Maranatha expresa, por un lado, la presencia actual del Cristo e implora, por otro, su retorno definitivo. Dentro de Maranatha, la palabra mar ha de tener un sentido muy cercano al que aparece en la fórmula Kyrios Christos, refiriéndose, sin duda, al mismo Soberano divino.

En realidad, el Maranatha es el lugar de encuentro entre la fe palestina y helenista en Cristo el Señor. Sin duda, dentro del mundo helenista, el uso pagano del término kyrios, su vínculo con el culto al emperador y, primordialmente, el hecho de que los LXX hayan traducido así el nombre de Dios ha contribuido a hacer que Kyrios sea el título más corriente para designar a Cristo. Pero tal evolución hubiera sido imposible si la comunidad primitiva no hubiera invocado ya a Cristo como Señor. El título Kyrios tiene su origen en la vida cultual, pero no de la comunidad helenista, sino en el culto de la Iglesia primitiva de Jerusalén.

Oscar Cullmann  (Estrasburgo25 de febrero de 1902 - id., 16 de enero de 1999) fue un teólogo protestante francés. Es conocido sobre todo por su trabajo en el movimiento ecuménico, siendo uno de los responsables del establecimiento del diálogo entre luteranos y católicos.

Tomado de Cristología del Nuevo Testamento, pag. 284-287.


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