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El Ídolo del Yo

Hace apenas unos días se llevó a cabo la beatificación del padre Arnulfo Romero en el Salvador. Debo reconocer que como Cristiano Protestante que soy, la figura de Romero me ha impactado. Dentro de nuestras denominaciones se ha puesto un énfasis desmedido en un cielo futuro, en una salvación personal y en la inmortalidad del alma. Pero el futuro también está aquí en la tierra, la esperanza Cristiana de construir un mundo mejor cada día, es decir, el Reino de Dios, debe de estar implícita en la vida de cada hijo de Dios.



Es necesario, hermanos, botar tantos ídolos,
el del yo ante todo,
para que seamos humildes, y sólo desde la humildad
sepamos ser redentores,
sepamos ser colaboradores
de la verdadera colaboración que el mundo necesita.
Liberación que se grita contra otros
no es verdadera liberación.
Liberación que procura revoluciones de odios y de violencias,
quitando la vida de los demás
o reprimiendo la dignidad de los otros,
no puede ser verdadera libertad.
La verdadera libertad
es aquella que se hace violencia a sí misma
y, como Cristo,
casi desconociéndose que es soberano,
se hace esclavo para servir a los demás. 

23 de Marzo de 1978

No sería Cristo redentor
si también no se hubiera preocupado de dar de comer
 a las muchedumbres que tenían hambre,
si no hubiera dado luz a los ojos de los ciegos,
si no hubiera sentido angustia
 por las muchedumbres marginadas
 que no tienen quien los ame, quien los ayude.
También la promoción, también el aspecto político y social
 le interesa al cristianismo.
No sería completa la redención
si no tuviera en cuenta estos aspectos
 del Cristo que quiso ser precisamente el ejemplo
 de un oprimido bajo un imperio poderoso,
bajo una clase dirigente de su pueblo
que lo despedazó en su fama y en su honor
y lo dejó crucificado.

26 de marzo de 1978



Monseñor Oscar Arnulfo Romero (La Violencia del amor, colección de Homilías)

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