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Pablo y El Imperio II

Respuesta de John Barclay a N. T. Wright

Segunda Parte


La entrada anterior estuvo dedicada a demostrar el poco interés de Pablo en el Imperio Romano. En esta segunda parte el Dr. Barclay pretende inquirir en el “drama de la historia” según Pablo lo veía, así como el lugar que Roma ocupaba en este drama.


El drama de la historia según Pablo.

            Los principales actores en el drama son el Espíritu y la gracia, por un lado, y el pecado, la carne y la muerte, o como Pablo los llama, “los poderes” por otro lado. El imperio Romano no es uno de esos poderes, porque opera simultáneamente en todos los niveles– individual, social, político, cósmico. Como cualquier imperio, el Imperio Romano pudo haber estado dividido o pudo haber sido  una unidad en donde los hijos de las tinieblas operaban en diferentes niveles, siempre y cuando el Imperio trabajara con un propósito común cuya identidad estaba determinada por su alianza con los poderes.

Barclay define lo qué son “los poderes” tales como el pecado, la carne y la muerte:

“Si decidimos pensar que son poderes “cósmicos,” sonaría como si fueran de otro mundo, aunque operen en la vida humana aquí en la tierra. Si preferimos decir que son “antropológicos,” podemos perder el sentido de que cubren toda la esfera de la existencia – que va desde la lujuria, la desintegración social, la corrupción, hasta la pérdida del cosmos... Tenemos que reconocer con una buena dosis de realidad que tales poderes cubren todos los niveles y dimensiones de la existencia... Siguiendo al término Griego archai [“poderes”] estaré en condiciones de describir este modo de actuar como “árquico” Estas entidades son los principios que operan detrás de los poderes en cada esfera de la vida. En este sentido, no hay nada en este mundo que no sea árquico, alineándose a un lado de la batalla o al otro.”

El reino de la gracia versus el reino de la muerte.

El poder que ha reconfigurado el mundo en Cristo barre con las viejas divisiones, cruces étnicos, y límites políticos para crear nuevas fronteras. Anteriormente, Pablo dividió el mundo entre Judíos y Gentiles. Ahora divide el mundo entre aquellos que han sido salvados y los que van por el camino de la destrucción. A Pablo no le interesa la diferencia entre Romanos y Griegos, sino entre el cosmos presente y la nueva creación. La crucifixión es lo que crea esta nueva distinción. La cruz divide el mundo.

La Cristología de Pablo crea comunidades con un entendimiento radical del poder – no por la fuerza sino por el servicio a los demás. Estas comunidades están controladas por el amor de Cristo. No pagan mal por mal. Sin ninguna duda Pablo mira los aspectos carnales y pecaminosos del Imperio Romano, de las naciones e incluso de la misma iglesia. Pablo nunca nombra ídolos, no porque nunca hubiera escuchado de Artemisa, Dionisio, Serapis, Júpiter, César, o los emperadores deificados, sino porque para Pablo todos reflejan lo mismo, una desviación de la adoración al Creador. Los emperadores y su culto son simplemente artículos de una categoría general llamados “señores y dioses” [1 Cor. 8:5], no hay diferencia entre unos y otros. Todos caen en la misma categoría llamada “idolatría”.

Entonces con respecto al “drama de la historia” y a “los poderes” que Pablo menciona en sus cartas, Barclay concluye:

“Notemos que esos gobernadores, no tienen nombre y no hay referencia específica a ellos, porque lo que interesa sobre ellos no es si eran el rey o el gobernador que crucifico al Señor de la gloria, sino que pertenecieron a esta era cuya obsolescencia e insuficiencia está definida por la obra de Dios en Cristo. Aunque con características definidas no se menciona si fueron Romanos, Helenistas, Judíos o quien fuese. Cuando escuchamos que ellos son los gobernadores de esta era, es todo lo que necesitamos saber, porque conocemos que están en el lado equivocado, además sabemos qué y cómo están siendo derrotados por Cristo.”

Fuente: John Barclay

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