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¿Puede permitir Dios que sufran sus creaturas?



Toda la historia de la humanidad está marcada por el sufrimiento a partir de la caída de Adán. En teología llamamos "teodicia" a la relación que tiene Dios con el sufrimiento. En nuestros días el ateísmo a encontrado en este argumento un punto de partida para atacar a la fe Cristiana. Vamos a ver cómo es que el teólogo alemán Jürgen Moltmann contesta a está pregunta.

En primer lugar, Moltmann elabora una teodicea escatológica. El sufrimiento involuntario e inocente no debe ser justificado, como si pudiera ser explicado desde una función pedagógica inscrito en la voluntad de Dios. La promesa dada en la resurrección de Cristo no explica el sufrimiento, pero funda la esperanza en que Dios al final tiene la última palabra sobre el sufrimiento, el pecado y el mal. La fe cristiana empuja al creyente a comprometerse por erradicar este sufrimiento de la situación presente, siendo consciente de que la victoria final es de Dios a final de los tiempos.

En segundo lugar, en su obra El Dios crucificado profundiza esta perspectiva desde el amor solidario de Dios que en el Hijo asume el sufrimiento de los hombres hasta sus últimas consecuencias, llegando incluso hasta experimentar la lejanía de Dios. En este sentido, Jürgen Moltmann interpreta las palabras de Jesús como el abandono real que Jesús, el Hijo de Dios, experimenta por parte del Padre. Diríamos que radicaliza al máximo los dos extremos que están en juego: la filiación de Jesús y el abandono de Dios. Quiere poner de relieve el carácter paradójico y de misterio que aquí se manifiesta. El autor apoyándose en una variante textual de Hb 2, 9, donde se habla de Jesús quién «alejado de Dios probó la muerte en favor de todos», interpreta el texto de Marcos como la expresión de que el Hijo murió realmente abandonado por Dios. Se produce así un hiato, más aún, un desgarrón
en el mismo misterio de Dios que parece que se rompe la comunión entre el Padre y el Hijo. Una comunión que sólo el Espíritu puede restablecer: «El grito de Jesús al morir en la cruz es la «herida abierta» de toda la teología cristiana, ya que ésta, responde consciente o inconscientemente a la pregunta del «por qué» lanzada por Jesús, para dar un sentido teológico a su muerte.

Pero si los teólogos no respetan el sufrimiento de Jesús con Dios, se asemejan a los amigos de Job, no a Job mismo. La contradicción entre filiación divina y abandono de Dios no se puede resolver rebajando la filiación divina de Jesús ni restando seriedad a su abandono. El salmo 22, puesto en boca de Jesús, tampoco resuelve el conflicto, ya que el salmo concluye con una acción de gracias del orante al verse salvado de la muerte, cosa que no sucede en el Gólgota, y tampoco se dirige a Dios como “Padre” sino al Dios de Israel. Manuscritos tardíos del evangelio de Marcos refuerzan el grito: “¿Por qué me has expuesto a la ignominia?” y “¿por qué me has maldecido?”. El abandono de Dios fue la última experiencia de Jesús crucificado en el Gólgota, porque Jesús se sintió hijo de Dios hasta el final (...). Por eso conviene respetar la singularidad de lo que pudo haber pasado entre Jesús y su Dios en el Gólgota, como misterio suyo, y mantener la paradoja de que Jesús murió la muerte
del Hijo de Dios en medio del abandono de Dios» (El camino de Jesucristo, 233).

La teodicea cristiana no puede ser planteada desde la fe en un Dios que es origen de toda lo creado, pero que en realidad se queda desvinculado y fuera del mundo, lejano a él (teísmo); ni menos aún puede ser esgrimida como roca o fundamento para el rechazo absoluto de su existencia (ateísmo), sino desde la revelación trinitaria de Dios que acontece en la encarnación y en el misterio pascual (muerte y resurrección de Cristo).

La implicación de Dios en el sufrimiento de los inocentes desde la muerte del Hijo en la cruz, efectivamente no resuelve el problema del sufrimiento, pero revela profundamente el ser de Dios como compasión y amor hasta el final, abriendo una vía nueva de implicación libre y voluntaria en el sufrimiento de los otros (solidaridad) y sostiene la lucha y el compromiso contra el sufrimiento injusto de los inocentes.

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