La Retórica Política de Pablo Como Oposición al Imperio*


 “La cultura Helénica fue sobre todo una cultura de retórica, y su forma literaria era típicamente la lectura pública”[1]

¿Cómo se opuso Pablo a la función del modelo retórico Greco-Romano y al orden imperial Romano?

Un análisis a los argumentos centrales de 1 de Corintios nos ayuda a ver que Pablo presentó un ethos o “carácter” que fue la anti-tesis a las virtudes aristocráticas a los valores de la retórica Greco-Romana. El estigma que Pablo llevaba ante la sociedad Romana era por una lado, el haber sido un trabajador sencillo, es decir, trabajaba con sus propias manos (1 Tes. 1:9, 4:11),  y por otra parte, era Judío. Tal estigma ya lo hacía objeto de sospechas por parte de las autoridades.

Antes de seguir con nuestro apunté, veamos cuál era el lugar de la retórica en la antigüedad y por qué podemos dar una interpretación política a los argumentos de Pablo en su respuesta a los Corintios.

La retórica era la forma cultural más importante de la vida urbana de la antigüedad Occidental. En nuestra cultura moderna Occidental tenemos el hábito de categorizar la realidad en esferas separadas como la política, la economía, la cultura y la religión, pero está categorización nos ha llevado a un mal entendimiento de la realidad en la antigüedad. La retórica era una de las cuatro formas por la cual las relaciones de poder en la sociedad imperial Romana se mantenían, y en consecuencia se constituían.

Pablo usó términos clave y símbolos empleados en la retórica Greco-Romana y de la ideología imperial para oponerse al orden imperial Romano. Lo más impactante en Pablo fue el uso de un “denso” lenguaje político cuando hizo referencia al euangelio.  En las ciudades Griegas como Corinto, euangelio era el “evangelio” de la “salvación” y de la “paz y la seguridad”. Augusto había traído “salvación”, “paz y seguridad” pero por medio del terror utilizando “métodos” como la crucifixión de personas quienes habían tenido la audacia de resistirse al orden Romano. 

Sin embargo, Pablo enseñó un evangelio alternativo. El evangelio de Pablo hablaba de un crucificado que no sólo fue pacífico, sino que se opuso a los valores del dominio aristocrático exaltados en los discursos públicos. El evangelio anti-imperial de Pablo, por otra parte, también insistía en que Jesucristo había sido vindicado por Dios, levantándolo de entre los muertos y exaltándolo como Señor celestial (el “Señor de la Gloria”, 2:8, 15:3-4; cf. El himno pre-Paulino en Fil. 2:6-11). En el contexto imperial Romano, Cristo había asumido la posición de emperador.  En 1 de Corintios en particular, así como en Filipenses 3, Pablo articuló explícitamente las implicaciones de la política anti-imperial del Cristo celestial sentado en su trono como verdadero Señor o “emperador” del mundo.

Pablo estaba “reinscribiendo” las imágenes imperiales, por tanto las relaciones entre sus argumentos estaban inclinándose a reforzar la disciplina del movimiento anti-imperial. La Asamblea (ekklesia) plantea ya una alternativa al poder del Cesar.  Pablo presenta a Jesucristo como el verdadero emperador, el verdadero Señor y Salvador que estaba en el proceso de someter todas las cosas a sus pies. El punto de Pablo es que para una monarquía política emergente como lo era el Cristianismo no debería ser difícil apelar y construir un lenguaje contra-imperial.

La imagen imperial de Cristo como Señor y Salvador, estaba preparando a la iglesia Cristiana para establecerse como poder bajo Constantino. Aunque está no fue nunca la intención de Pablo.






Richard A. Horsley, Paul and Politics (ed). Págs. 90-93
[1]    H. I. Marrou, A History of Educatión in Antiquity Págs 12-13

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