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Las tesis fundamentales de la espiritualidad anti-imperial


Jon Sobrino[1]

“Si sueltas a ése no eres amigo del emperador”. Y a Jesús lo mataron porque no era amigo del imperio.  En América Latina han sido miles los amigos de los pobres y de Dios, no del imperio ni del César.
Para empezar no quisiera que se malinterpretara lo que aquí se va a decir. El padre Oscar Romero durante la dictadura en el Salvador predicó de una violencia, pero de una violencia atípica: “la violencia del amor”. Esta entrada no pretende, bajo ninguna circunstancia, alimentar el odio o dividir; antes bien, es una propuesta a la tesis individualista y motivadora que ha imbuido a la sociedad latinoamericana, la cual, procede del imperialismo norte americano; el famoso “american dream”.

La tesis fundamental anti imperial es que la liberación proviene de las víctimas del imperio. La tradición bíblico-cristiana, experta en el tema de la liberación y en qué dinamismos la generan, no comienza con el poder. Salvación y liberación provienen de lo débil y pequeño: una anciana estéril, el diminuto pueblo de Israel, un judío marginal... Lo débil y pequeño es lo que está en el centro del dinamismo de la liberación. Ellos son sus portadores, no sólo sus beneficiarios. La utopía responde a su esperanza, no a la de los poderosos.
Junto a esta tesis fundamental podemos enumerar más brevemente otras no menos escandalosas, pero igualmente cristianas y de largo alcance, que son como las pequeñas piedras que hacen desmoronarse al imperio.
a) El reino de Dios vendrá como civilización de la pobreza, en contra de la civilización de la riqueza que ni ha dado vida ni ha humanizado. De ahí la imperiosa necesidad de una crítica a la prosperidad, que suele ser alabada sin ninguna dialéctica.
b) La máxima autoridad en el planeta es la autoridad de los que sufren, sin que haya ningún tribunal de apelación. De ahí la necesidad de una crítica, sospecha al menos, también hacia la democracia. No es justificación para el imperio poder apelar simplemente a la democracia -y qué democracia, light, de baja intensidad, fraudulenta, de soberanía limitada...
c) Superación del panegirismo acrítico de todo lo que sea diálogo y tolerancia, sin introducir un mínimo de dialéctica de confrontación y denuncia de la opresión y sometimiento. No es justificación para el imperio que entable conversaciones con sus coadláteres y haga como si escuchase a los pueblos sometidos.
d) Superación del chantaje de una ingobernabilidad, que sería producto de la polarización política, lo que encubre el antagonismo cruel entre los pocos y los muchos. No es justificación para el imperio que, al menos, garantice la gobernabilidad mundial.
e) Por último pelear la batalla del lenguaje, creado y controlado por los poderosos. No hay que dejarse imponer la definición de lo que es terrorismo y paz, comunidad internacional y civilización. Más de fondo, no hay que dejarse imponer la definición de lo que es “lo humano”.

Jesús habló de un mundo configurado por la bondad graciosa de Dios, no por el poder impositivo del emperador. Eso es bien sabido, y de ahí que los cristianos debiéramos ser, visceralmente, si se quiere, anti-imperio y pro-reino.



[1] Jon Sobrino, La espiritualidad del anti imperialismo.

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