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¿Eres Salvo?

Brian D. Mclaren[1]



Para la gente que viene de un trasfondo evangélico y fundamentalista (como yo), la vida se trata de ser (u obtener) la salvación, y estar seguro de ello. Me enseñaron que el ideal de un Cristiano era saber exactamente la fecha exacta – quizás la hora y el minuto – en que fui salvado, cuando uno experimenta la salvación. Todo mundo entiende la pregunta ¿eres salvo? de la siguiente manera:

·         Haz aceptado a Jesucristo como tu Salvador personal.
·         Creíste que Jesús murió en la cruz por tus pecados, creíste que su muerte, no tus buenas obras, hizo posible que tus pecados fueran perdonados.
·         Al final del servicio de la iglesia, durante la “invitación,” repetiste “la oración del pecador,” así que durante la “invitación” caminaste al frente de la iglesia – es decir “el llamado al altar” - o tal vez sólo levantaste la mano para reconocer tu conversión.
·         Ganaste la seguridad de que irías al cielo después de tu muerte.

Creo que esto es bueno. Pero también creo que la Biblia tiene al menos cuatro cosas que decir sobre lo que los Cristianos creen:

·         La frase aceptar a Cristo como tu Salvador personal no está en la Biblia. Incluso Salvador personal no se encuentra en las páginas de la Biblia. De hecho, la Biblia parece enfocarse en la salvación de nosotros como pueblo, no sobre como individuo.
·         No hay duda de que tus pecados hayan sido perdonados, pero sólo es parte (o es el preludio) a la salvación. En la Biblia salvación quiere decir mucho más: ser perdonado es la línea inicial, no la final, de la salvación.
·         En ningún lado de la Biblia se menciona la frase oración del pecador, y en ningún lado de la Biblia se dice – al menos no en la forma en que a los conversos se les enseña hoy día. No fue hasta los últimos 150 años en que los servicios Cristianos incluyeron “invitaciones” o “llamados al altar”. Además, nadie ha caminado o levantado la mano para “ser salvo”. Las invitaciones, llamados al altar y la oración del pecador son maravillosas y con frecuencia se usan en la liturgia y la tradición – No creo que la salvación tenga que ver con eso.
·         Si le preguntaras al apóstol Pablo, “si murieras está noche, ¿estarías seguro de estar con Dios en el cielo? Estoy seguro que Pablo diría que sí. Pero también estoy seguro que él te sonreiría amablemente y te diría por qué haces esa pregunta, porque para él ese era el punto. Para Pablo el motivo de ser discípulo Cristiano no era ayudar sólo a la gente para estar totalmente seguros de que irían al cielo después de morir. La meta de Pablo era ayudarlos a transformarse totalmente, en Cristianos maduros, aquí y ahora – para experimentar la realidad gloriosa de estar en Cristo y experimentar a Cristo por ellos mismos.

La Salvación En El Antiguo Testamento

En el Antiguo Testamento la palabra hebrea que se traduce como salvación significa rescate – especialmente de la enfermedad, los problemas, los desastres, el temor, o (en especial) de los enemigos y su violencia. Podemos ver claramente este significado en pasajes como aquellos donde el pueblo se regocijaba de que Dios los salvo de los Egipcios quienes los oprimieron violentamente durante generaciones: Mi fortaleza y mi canción es el Señor, y ha sido para mí salvación (Ex. 15:2). David expresó el mismo gozo cuando fue recatado de sus enemigos: mi Dios, mi roca en quien me refugio; mi escudo y el cuerno de mi salvación.   (2 Sam. 22:3). Zacarías entendió la salvación en este mismo sentido. Es más entonó una canción sobre la salvación:
 
 y nos ha levantado un cuerno de salvación en la casa de David su siervo,  tal como lo anunció por boca de sus santos profetas desde los tiempos antiguos,  salvación DE NUESTROS ENEMIGOS y DE LA MANO DE TODOS LOS QUE NOS ABORRECEN.  Lucas (1:69-75)

Queda claro que en estos pasajes los escritores no están hablando sobre ser salvados del infierno. Ellos están hablando de ser salvados de los Egipcios, el Rey Saúl, los Romanos – sobre ser liberados de la violencia y la opresión  y del temor que engendran.

No es que ser salvado del infierno no sea importante o no sea bíblico. El punto es que con mucha frecuencia saltamos de nuestra interpretación de la salvación rápidamente.


Volvamos al año 1,400 a. C. Cuando los Judíos estaban cautivos en Egipto. Ellos pidieron....., y Dios les envió a Moisés y con él la libertad. Después de haber salido de Egipto, los Judíos se asentaron en Palestina, muchos de sus vecinos los atacaron ferozmente – los Filisteos, Los Amalecitas y otros. Vez tras vez, ellos pedían ser liberados, con toda seguridad, Dios siempre enviaba un liberador (o salvador) para ayudarlos (o para llevarles salvación). Eventualmente, el imperio Asirio atacó y destruyó el reino del norte de Israel. Años después, el imperio Babilonio reemplazó al imperio Asirio e invadió el reino del sur de Israel. Los Israelitas pidieron salvación pero no fueron escuchados, fueron llevados al exilio en calidad de prisioneros de guerra y sirvientes; cuando se establecieron en Babilonia siguieron orando por salvación. Con el tiempo el imperio Medo-persa reemplazaría a los Babilonios, el exilio Israelita terminaría y regresarían a su hogar. Pronto en la historia, los Griegos gobernaron sobre Judea, y después los Romanos.

¿Cuándo llegaría la salvación? ¿Por qué no llegaba la liberación?

¿Por qué Dios no salvaba a su pueblo después de tantos años de sufrimiento? La historia de Israel estaba llena de momentos de salvación, pero parece que Dios no hacía caso a sus lamentos. ¿Por qué?

Al parecer los Fariseos tenían la respuesta: La razón por la que Dios no salvaba a su pueblo de la opresión (no del infierno) era por causa de sus pecados. Si el pueblo se arrepentía, entonces Dios seguramente los salvaría.

Quizás por vez primera,  el pecado se había convertido en la mayor preocupación – ¿esa fue la respuesta al Por qué Dios no los rescataba? Al menos eso parece ser la respuesta más obvia.

(Mt 1:20) Pero mientras pensaba en esto, he aquí que se le apareció en sueños un ángel del Señor, diciendo: José, hijo de David, no temas recibir a María tu mujer, porque lo que se ha engendrado en ella es del Espíritu Santo.

(Mt 1:21) Y dará a luz un hijo, y le pondrás por nombre Jesús, porque El salvará a su pueblo de sus pecados. (Mateo 1:20-21)



¿Puedes notar el cambio?!El salvaría a su pueblo de sus Qué!

Por primera vez en la historia Judía, la promesa de salvación no era sólo liberación de la opresión política ni de la persecución religiosa. En vez de eso, como el ángel le informó a José, el rescate de su pueblo de sus pecados sería el pre-requisito para cualquier rescate de la opresión. Salvar al pueblo de sus pecados, como Gabriel prometió sería la promesa cumplida en Jesús, y la salvación de la opresión sería su consecuencia inevitable.

Entonces tenemos dos planteamientos, por un lado está la forma Judía de entender la salvación (pensando que trata sólo de política aquí y ahora) y por el otro la forma moderna de pensar en el  mismo punto (pensando que se trata sólo sobre escapar del infierno después de morir). Sin embargo, existe un tercer acercamiento: La salvación significa ser rescatado de la manera fácil de vivir en el presente, al compartir el amor salvador de Dios por toda su creación, en medio de una aventura llamada el reino de Dios, es el momento al que quieres llegar. Pero también, por supuesto, teniendo la seguridad de que no perecerás después de la muerte, sino que vivirás por siempre con el Señor.

¿Para ti la salvación es sólo una experiencia momentánea? ¿O es una eterna jornada? Se trata de rescatarte de tus circunstancias inconfortables (como lo fue para los Judíos antiguos), o rescatarte de este mundo después de la muerte (como lo es para muchos Cristianos modernos) – ¿o se trata de ser rescatado de una vida que está desconectada de Dios y de su aventura, tanto en esta vida como en la que viene?

La salvación se trata sobre cruzar la línea de inicio para empezar a recorrer la aventura en esta vida y en el más allá.



 







[1]    Brian D. Mclaren (Missing the point, p.19-28)

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