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Cristología III

A través de su propio abandono, el Cristo crucificado condujo a Dios a todos aquellos que se sentían abandonados por Dios. A través de su sufrimiento trajo salvación a todos aquellos que están sufriendo. A través de su muerte trajo vida eterna a todos aquellos que están muriendo.

 Jürgen Moltmann



No es suficiente con decir que Dios nos conoce y le afecta nuestro sufrimiento. Dios también debe reparar nuestro sufrimiento y sanar nuestro dolor. En nuestra muerte nos encuentra para resucitarnos a una nueva vida. Dios no justifica o glorifica el sufrimiento. Dios nos conduce en nuestra oscuridad para hacer brillar Su amor. De forma paradójica, el poder de Dios deshace el poder del pecado y la muerte por medio del amor auto-sacrificial de Jesucristo al morir en la cruz.

Cristo nos ayuda, no por la virtud de su omnipotencia, sino por la virtud de su debilidad y su sufrimiento... Sólo el Dios sufriente puede ayudarnos. - Dietrich Bonhoeffer

Dios no es inhumano; Dios es el Dios de la humanidad. Él es nuestro Dios, y está con nosotros. Es el Dios sufriente porque nosotros somos un pueblo sufriente y Él mismo se ha unido a nosotros. Absolutamente todo, tanto lo bueno como lo malo, está ahora en la existencia de Dios. Dios participa en nuestros triunfos y en nuestros sufrimientos.

Cuando miramos desde esta perspectiva, adquirimos una nueva forma de mirar nuestra soteriología. Para la mayoría, el mensaje del Evangelio proclama la salvación de los ofensores. El Evangelio dice que Dios puede perdonar a quién sea. Si tú cometes homicidio, vas de pecado en pecado, pero vienes a Dios arrepentido puedes ser perdonado. ¡Esto es Gracia!  Pero ¿qué de las victimas del pecado? ¿qué hay con aquellos que han sufrido a manos de los pecadores? ¿qué hay de los ofendidos? Un Evangelio Cristiano que sólo ofrece redención para los ofensores es un Evangelio incompleto.

El Evangelio de Jesucristo justifica tanto a pecadores como a víctimas. Jesús, como el hombre que sufre injustamente, justificó al soldado romano que martilló sobre los clavos de Sus manos, pero también al hombre que sufrió a su lado gritándole desde la otra cruz. Si el Evangelio son las buenas nuevas ambos hombres tenían que ser alcanzados por el Evangelio. 

Dios no sólo perdona a los pecadores y los opresores, Dios también redime y justifica a las víctimas.

Lo que aquí hemos dicho debe llevarnos a profundizar en la teodicea, pero también tiene que robustecer nuestra soteriología.


Tomado de S. D. Morrison. Where was God? p. 29

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