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¡Decretum Quidem Horrible, Fateor!


La frase que da título a esta entrada, pertenece a Juan Calvino. Hace tiempo Ben Merritt (El Moltmaniaco) escribió en su blog: “John Calvin didn´t like Double Predestination, but he thought it was true” (A Juan Calvino no le gustaba la Doble Predestinación, pero creía que era verdad).

Pero qué pruebas tenemos para creer en la afirmación de que a Calvino no le gustaba la Doble Predestinación. Es interesante notar que la traducción al español de la Institución Cristiana de Calvino es menos literal (i. e. está más suavizada) que la traducción al inglés y por supuesto del original en latín.

Veamos la cita original del Libro III de los Institutos de la Religión Cristiana:

Vnde facTum eft vt tot getes vna cum liberis eoru infantibus aterna' morti inuolueret lapfus Adae abfque remedio, nifi quia Deo ita vifum eft;Hic obmutefcere oportet tam dicaces alioqui linguas. Decretum quidem horribile, fateor: inficiare tamen nemo poterit quin prafeuerit Deus quem exitum effet habiturus homo, antequam ipfum conderet,&ideo prafeiuerit quia decreto fuo ficordinarat . In praefientiam  Dei fiquis hic inuehatur, temere & inconfulte impingit. Quid enim, quaefo, eft cur reus agatur calcftis iudex quia ncn ienornuerit quod futurum eratcln pradeftinationem competit fiquid eft vel luftavel fpeciofa querimonia, Nec abfurdum videri debct quod dico,Deum non modo primi ho minis cafum,&in co polterorum ruinam prauidifie: ied arbTtrio qubque luodi Tpeniafle.

Libro III.XXIII.7 1559
Y comparemos con la traducción de John Allen de 1816:

I inquire again, how it came to pass that the fall of Adam, independent of any remedy, should involve so many nations with their infant children in eternal death, but because such was the will of God. Their tongues, so loquacious on every other point, must here be struck dumb. It is an awful (horrible) decree, I confess; but no one can deny that God foreknew the future final fate of man before he created him, and that he did foreknow it because it was appointed by his own decree. If any one here attacks God's foreknowledge, he rashly and inconsiderately stumbles. For what ground of accusation is there against the heavenly Judge for not being ignorant of futurity? If there is any just or plausible complaint, it lies against predestination.

Libro III.XXIII.7

De estas dos citas podemos ver que a Calvino el decreto de Dios de parecía algo Horrible. Sin embargo, en la traducción al castellano de 1597 realizada por Cipriano de Valera y revisada en su última edición en 1997 encontramos una traducción menos impactante.

No obstante, la predestinación, mal que les pese, se ve en todos los descendientes de Adán; pues naturalmente no pudo acontecer que todos por culpa de uno cayesen del estado en que estaban. ¿Qué les impide confesar del primer hombre lo que contra su voluntad conceden de todo el género humano? Porque, ¿a qué perder el tiempo andándose por las ramas? La Escritura afirma bien claramente, que todos los hombres, en la persona de uno solo, fueron condenados a muerte eterna. Y como esto no se puede imputar a la naturaleza, claramente se ve que procede del admirable consejo de Dios. Es un gran absurdo, que a estos abogados, que se meten a mantenedores de la justicia divina, les sirva de obstáculo un impedimento cualquiera, aunque sea una paja, y que no tropiecen en vigas bien grandes para seguir adelante. Pregunto asimismo, ¿de dónde viene que tantas naciones y tantas criaturas se hayan visto enredadas en la muerte eterna por la caída de Adán - y sin remedio -, sino de que así le plugo a Dios? Aquí es menester que estos charlatanes enmudezcan.

Confieso que este decreto de Dios debe llenarnos de espanto; sin embargo nadie podrá negar que Dios ha sabido antes de crear al hombre, el fin que había de tener, y que lo supo porque en su consejo así lo había ordenado. Si alguno se pronuncia contra la presciencia de Dios, procedería temeraria e inconsideradamente. Porque, ¿a qué acusar al juez celestial de no haber ignorado lo que había de suceder? Si hay queja alguna, justa o con apariencia de tal, formúlese contra la predestinación.

Instituciones III.XXIII.7


Ante la evidencia, debemos recordar que a Calvino le parecía Horrible este decreto más no se atrevía a ir en contra de los designios del Señor. O como lo dijo Ben Merritt: “A Juan Calvino no le gustaba la Doble Predestinación, pero creía que era verdad”

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