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El Infierno en la Historia

Tercera Parte

Infierno: ¿La Némesis De La Esperanza?

Nicholas Ansell



A pesar de que la idea del infierno sea ajena en los evangelios, con el Gehena sucede otra cosa – adquiere importancia propia para la historia de la iglesia aunque su significado haya sido abandonado por completo.

Un breve resumen del Evangelio revelara el lugar que ocupa el Gehena en la historia, Israel en los días de Jesús es retratada constantemente como la nación que fallo en ser luz para las naciones, su elección no fue entendida como el llamado a revelar la presencia de Dios a la naciones, sino como la señal de que Israel estaba a salvo de la justicia y la ira de Dios ya que Yahvé descendería pronto sobre los Gentiles - específicamente sobre el mundo Romano – debido a su depravación moral y a su vida idolátrica. Lejos de compartir el amor y la sabiduría de Dios, los líderes de Israel, según los escritores de los evangelios, entendieron el concepto de santidad en términos de pureza. Así fue como, la espiritualidad y la santidad de Jesús demostraron que el juicio predicho por su profecía contra el templo tuvo su cumplimiento, y marcó el final de la vieja era (Mt. 24: 3,14),  y marcó los dolores de parto (Mateo 24:7) de la era por venir.

Las generalizaciones tienen sus límites, pero una buena generalización usualmente es verdadera. Aunque no es mi costumbre, me gustaría sugerir, que la iglesia ha recapitulado ante los pecados de Israel: pidiendo que la ira de Dios caiga sobre los pecadores, erigiéndose "sobre" y "contra" el mundo, ocultando su verdadera luz bajo una lámpara. El Imperio Romano cayó. El Sacro Imperio Romano, como es conocido, gobernó al mundo, amenazando a todos aquellos quienes no estuvieran de acuerdo con la idea de un fuego eterno. Hay un lugar para la historiografía matizada, pero para todos aquellos que fueron oprimidos por la iglesia cuando estaba en la cima de sus poderes, esto sería visto como una caricatura. La crítica secular del Cristianismo, a pesar de su unilateralidad, no carece de fundamento.

Hay dos modelos bíblicos, creo, que pueden ayudarnos a interpretar la historia. El primero es complejo, un motivo de dos partes encontrado en los profetas, mientras que el segundo es un modelo encontrado a través de toda la Escritura en dónde el juicio es entendido en relación con la salvación en lugar de la  condenación.


Este primer modelo bíblico, evidente en Isaías 10:5-17, toma relevancia cuando expone al pueblo de Dios cayendo en idolatría y fallando en responder a las advertencias de los profetas, por tanto fue  entregado a sus enemigos que actuaron en línea con la ira de Dios, Israel fue juzgado, pero Dios, respondiendo a su pacto de amor, también juzgó a los enemigos de Israel de la misma forma en que ellos juzgaron a su pueblo. En este sentido, y en línea con el juicio decretado contra Israel en el apocalipsis sinóptico (Mt. 24/Mc. 13 /Lc. 21), ¿no deberíamos preguntarnos si la historia no revela también la forma en que Dios entregó al Cristianismo a sus enemigos para enfrentar su infierno, a su Gehena? Si la era Cristiana llegó a su fin en los albores de la Ilustración, cuál, de todas estás ideologías seculares, castigó a la iglesia por sus maldades, pero sobre todo por su cruel doctrina del Infierno, entonces en vez condenar al mundo, no deberíamos preguntarnos, en primer lugar y ante todo, ¿si el inicio de nuestra era moderna puede ser vista como el juicio de Dios contra la Iglesia? Incluso también podemos preguntarnos si, dada la violencia con la que la modernidad se ha ocupado de los creyentes, ¿Dios ha entregado a la modernidad al juicio de sus críticos posmodernos.?


El Juicio para Salvación

Si hemos de abrirnos ante el juicio de la crítica secular del Cristianismo, no será difícil apreciar que durante mucho tiempo, la iglesia controló, y proclamó motivada por el miedo unas buenas nuevas limitadas por las malas noticias. La auto-crítica de la tradición profética nos puede alertar aún más sobre el hecho de que la iglesia, si ha de querer evitar ser arrojada al Gehena, tendrá que deshacerse de su doctrina tradicional del Infierno y de la mentalidad medieval que la acompaña para volver a capturar la forma en la que el Evangelio es la buena nueva de la vida en la plenitud del Pacto con Dios, sin el cual no hay vida.

Dicho esto, si hemos de encontrar una orientación profundamente bíblica para nuestra propia historia, la forma en que hemos de entender el significado del Gehena - el camino de la auto-critica - necesita estar relacionada con el segundo modelo bíblico al que he aludido. Porque la justicia concebida como retribución cierra toda posibilidad de redención, debemos tener cuidado de no estar historiando solamente la concepción tradicional o la aniquilación sobre cómo Dios responde al mal. Para tener un verdadero paradigma bíblico histórico-redentor, propongo, que el juicio no sea el fin en sí mismo y por lo tanto en ese sentido no sea definitivo, sino sea un juicio para salvación.


Esta comprensión de la justicia y el juicio exige una re-lectura fundamental de muchos pasajes bíblicos. En otro lugar he explorado esto en relación con el libro de Revelación. Aquí voy a mencionar sólo un ejemplo que creo que es paradigmático para toda la Escritura: la diversificación de los pueblos y de sus formas de hablar que sucedió después de la caída del Babel. A la luz del auto-castigo impuesto por Dios, después del diluvio, juró no volver a aniquilar a ninguna vida humana (Génesis 8:21, 9:11), es importante ver cómo el juicio de Babel no es un castigo, sino una bendición que tiene la intención de poner una vez más a la historia en marcha junto con el surgimiento de las naciones que se describen como "multiplicándose a lo largo de la tierra" en Génesis 10:32 (cf. Génesis 10: 5). Viendo el Génesis como una sola unidad, la diversificación de los pueblos que se esparcen con enfático detalle justo antes de la narrativa de Babel (ver Génesis 10:1-32) son una respuesta positiva a la bendición original de Génesis 1:28 "llenar la tierra," aunque esta bendición, debido al miedo, se experimenta como una amenaza en Génesis 11: 4. Lo que el juicio sobre Babel revela es que el intento de resistir la historia por uno mismo acarrea muerte. Es un juicio-para-salvación porque la dispersión permite que el llamado a "llenar la tierra," haya sido mal interpretado en un mundo caído como una sentencia para muerte, una vez más habrá que convertir tal mandamiento en una palabra de vida.

La buena noticia sobre el Gehena es que para aquellos que tienen oídos para oír y ojos para ver, el intento de invocar el juicio de Dios como el fin en sí mismo, como final, se revela como un callejón sin salida. Es una espiritualidad que no pertenece a, y no puede ser parte de, la vida del siglo venidero. Así,  mirando la historia del ascenso y la caída de la doctrina del Infierno en la Iglesia, podemos tener libertad para desarrollar una escatología en la que esté permitido que la esperanza triunfe sobre el miedo.


Un Final Abierto

Viéndolo en perspectiva, explicar lo que esto significa para nuestras teologías, mediante la articulación de una posición teológica como tal, me gustaría terminar con una imagen de un final abierto del libro de Revelación, que sugiere una teología y una visión de la Iglesia que aún no existe.

En los capítulos finales del Apocalipsis de Juan, podemos observar claramente que los pecadores no escapan al juicio que está descrito en un lenguaje extraído de la caída de Jerusalén, o bien son lanzados al lago de fuego o han sido aniquilados por él. Pero en cambio, los encontramos  fuera de la ciudad (Rev. 22:15). Por otra parte, esta "exclusión" debe ser leída a la luz del hecho de que todavía hay una misión a las naciones (Ap 21:24; 22:2). La visión de Juan revela que debido al pecado ya no hay futuro para el mundo de Dios, lo impuro no puede entrar en la ciudad (Apocalipsis 21:27). Sin embargo, esto no proporciona ningún argumento para quienes quieran predicar el juicio final del fuego del infierno y la condenación como si dijeran "[Las] puertas [de la Nueva Jerusalén] nunca serán cerradas" (Rev. 21:25).

A pesar de este final abierto, el mal que quiere aniquilar a la creación de Dios, terminar con la  historia, y dejar al mundo sin su Creador, no tiene esperanza, es decir, no hay esperanza para el Infierno.

Comentarios

  1. Lo que propones es una re interpretación con lentes universalistas , sacando de contexto lo que los autores originales decían , la izquierda cristiana ( como en política) tiene una erudición bastante penosa ...

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    1. ¿A qué autores te refieres? Porque es a partir del siglo cuarto cuando Agustín empieza a traficar con el miedo a un juicio eterno por fuego, pero no antes.

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