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Infierno: ¿La Némesis De La Esperanza? Segunda Parte

Nicholas Ansell


Segunda Parte


El Gehena

La palabra Griega para Infierno en estos textos es transliterada al Inglés como Gehena. En su forma Hebrea primitiva, Gehena aparece en la Biblia como un lugar geográfico: el valle de (el [los] hijo [s] de) Hinom, o ¿gê hinn?m (véase Josué 15: 8., 18:16). Según los arqueólogos, este valle  se encuentra cerca de los muros de Jerusalén.

En Jeremías 7:30-34, este valle ya no es solo un terreno que cualquier persona desearía obtener. Ahora se ha convertido en un lugar de juicio, un juicio inminente en la historia dirigido contra Israel:

Porque los hijos de Judá han hecho lo que es malo ante mis ojos--declara el SEÑOR, han puesto sus abominaciones en la casa que es llamada por mi nombre, profanándola. Y han edificado los lugares altos de Tofet, que está en el valle de Ben-hinom, para quemar a sus hijos y a sus hijas en el fuego, lo cual yo no mandé, ni me pasó por la mente. Por tanto, he aquí vienen días--declara el SEÑOR--cuando no se dirá más Tofet, ni valle de Ben-hinom, sino el valle de la Matanza; porque enterrarán en Tofet por no haber otro lugar.  Y los cadáveres de este pueblo servirán de comida para las aves del cielo y para las bestias de la tierra, sin que nadie las espante. Entonces haré cesar de las ciudades de Judá y de las calles de Jerusalén la voz de gozo y la voz de alegría, la voz del novio y la voz de la novia; porque la tierra quedará desolada.

Un lenguaje similar aparece en Jeremías 19, donde se profetiza un cerco inminente a Jerusalén en respuesta a la idolatría de Israel. Las referencias al sacrificio de los hijos e hijas por medio de fuego (ver Jer. 7:31., 19: 5 y 32:35) hacen referencia  a las atrocidades asociadas con los reyes de Judá, Acaz y Manasés (2 Rey. 16: 2-3 y 21: 1-6). Que tales sacrificios se hubieran llevado a cabo en el Valle de Hi-nom está explícito en 2 Reyes 23:10 y en el relato paralelo que se encuentra en 2 Crónicas 28:3 y 33:6.

El valle sigue estando asociado con la idolatría y el fuego en la tradición profética, pero ahora el fuego proviene de Dios. En Isaías 30:33, Dios dice:

Porque Tofet está preparado desde hace tiempo, ciertamente, ha sido dispuesto para el rey. Él lo ha hecho profundo y ancho, una pira de fuego con abundante leña; el soplo del SEÑOR, como torrente de azufre, lo enciende.

En este juicio inminente, histórico, se utiliza fuego y sulfuro, o el fuego y azufre, que se remonta a la destrucción de Sodoma y Gomorra (Génesis 19:24) y vuelve a aparecer en el libro de Apocalipsis (ver Ap 14:10, 19:20, 20:10 y 21: 8).

El mismo valle también está destinado como la ubicación de los juicios descritos en el verso final del libro de Isaías. Así, Isaías 66:22-23 dice lo siguiente:

Porque como los cielos nuevos y la tierra nueva que yo hago permanecerán delante de mí--declara el SEÑOR--, así permanecerá vuestra descendencia y vuestro nombre. Y sucederá que de luna nueva en luna nueva y de día de reposo en día de reposo, todo mortal vendrá a postrarse delante de mí--dice el SEÑOR. Y cuando salgan, verán los cadáveres de los hombres que se rebelaron contra mí; porque su gusano no morirá, ni su fuego se apagará, y serán el horror de toda la humanidad.

Durante el ascenso y la caída del nacionalismo judío, un período que incluye la revuelta de los Macabeos contra los Seléucidas (169-160 A EC), la Gran Guerra contra Roma (66-70 d. C), y la revuelta de Bar Kojba, también contra Roma (132 -135 EC) -no es difícil ver cómo estos pasajes de Isaías, tomados en conjunto con la representación del juicio de Dios sobre las naciones en Joel 3, podría haber alimentado la convicción de que los cadáveres de los enemigos de Israel deben ser echados en este  Gehena.

A pesar de que una agenda nacionalista podría equiparar a los enemigos de Dios con los enemigos de Israel tal creencia es ajena a la tradición profética, el punto es que para los profetas del Antiguo Testamento, el Gehena es entendido como el lugar donde los malvados serán castigados con fuego en los "últimos días." Pero ya que este es un espacio geográfico fuera de Jerusalén y como los" últimos días" claramente son entendidos como si ocuparan un lugar dentro de la historia, esto es muy diferente del Gehena de la literatura rabínica posterior en la que el Valle de Hinom se ha convertido en un submundo o en otro reino que ha existido desde el creación. Tal lugar de hecho puede ser identificado con el infierno de la teología Cristiana tradicional. Pero estos textos Judíos posteriores proceden después de un periodo a la destrucción de Jerusalén en el año 70 AD cuando la visión del mundo Judío entró en crisis, una reformulación de los rabinos en una forma mucho menos geográfica. Por el contrario, el Gehena de los evangelios, sugiero, continúa la tradición del Antiguo Testamento de un juicio inminente, para este mundo.

Pero hay un giro. Mientras que sus contemporáneos Judíos vieron el Gehena como el lugar donde las naciones en general y los Romanos en particular, vendrían a ellos, Jesús, permaneciendo en la tradición de Jeremías, utiliza el lenguaje de los profetas para hablar de la ira de Dios contra Jerusalén. Por lo tanto, en Marcos 9:48, Jesús compara en el verso final de Isaías, como se citó anteriormente, para referirse a un juicio que pronto caerá no sobre los Romanos como se esperaba, sino sobre sus compatriotas Israelitas:

Y si tu ojo te es ocasión de pecar, sácatelo; te es mejor entrar al reino de Dios con un solo ojo, que teniendo dos ojos ser echado al [Gehena], donde EL GUSANO DE ELLOS NO MUERE, Y EL FUEGO NO SE APAGA.

Todas las referencias de Jesús al Gehena, consideradas ampliamente por el creyente y el incrédulo, para referirse al último juicio  en el final de los tiempos, son en realidad una referencia al juicio pronunciado sobre Israel, Jerusalén y el templo. En este punto no hay que dejarse llevar por el hecho de que el lenguaje utilizado por Jesús es de carácter apocalíptico. No es casualidad que la última de las siete referencias al Gehena en el Evangelio de Mateo (Mt. 23:33) estén tan cerca al discurso sobre el "fin del mundo" (Mt. 24:3 cf. Mt. 24:4-25:46). Pero para hablar del juicio que se aproxima sobre Jerusalén como si fuera "el fin del mundo," es necesario usar el lenguaje apocalíptico de los acontecimientos de la historia, es una forma de hablar que no es ajena a nosotros como podríamos suponer. Cuando nos referimos a ciertos eventos como "la desintegración del mundo", por ejemplo, sabemos que no se habla de eventos geológicos literales o erupciones volcánicas. Pero también sabemos que hay momentos en los que necesitamos usar este tipo de lenguaje si queremos captar el significado de lo que está sucediendo. Si consideramos este lenguaje como el de una sacudida cósmica, entonces podemos entender mejor el discurso apocalíptico que se encuentra en la Escritura.

Contrariamente a la creencia popular, ningún Judío en tiempos de Jesús estaba esperando que Dios trajera el fin del universo en términos de espacio-tiempo. Pero la destrucción del templo, que fue construido para simbolizar la creación, que revela la presencia de Dios en él, podría haberse visto como algo verdaderamente catastrófico. Para Jesús, este fue el juicio de Dios sobre Israel, señalando nada menos que lo que podríamos llamar el fin del viejo orden mundial. El único lenguaje apropiado era el lenguaje de la destrucción. Esta es precisamente la forma en que Jeremías habló en sus días sobre la próxima destrucción de Judá y el templo (Jer. 4:23-28). El juicio de Dios sobre Israel, llevado a cabo por los Romanos, es un acto realizado por Jesús durante la "limpieza" del templo y la maldición de la higuera (ver Mc. 11:12-25 y 13:28-31). En la destrucción que vendría, dijo, el Hijo del hombre será reivindicado (ver. Mc.13). Este juicio/vindicación, que se describe en términos de destrucción y  entronización, es también un tema principal en el libro de Revelación.

Los líderes judíos y los que los siguieron estaban destinados al Gehena, dijo Jesús. Al negarse a ser una luz para las naciones, al juzgar al mundo, al prepararse para participar en una guerra "santa" contra Roma, Israel se convirtió en lo mismo que sus opresores Gentiles, estando atrapados en la idolatría. Es un hecho lamentable de la historia que cuando los Romanos sitiaron Jerusalén y el templo, culminando así la destrucción, una generación después, los muertos fueron arrojados desde los muros de la ciudad, literalmente, en el Valle de Hinom, Gehena, el Infierno.

Según la compresión de Jesús, este fue el fuego "eterno" o la destrucción del juicio de Dios (Mt. 18:8, 25:41, 25:46). Cuando los aniquilacionistas afirman que este es castigo en vez de un castigo eterno, su argumento es endeble y tenue. Pero también es innecesario. La palabra traducida aquí como eterno  significa literalmente "la edad (por venir)." Este es el juicio que marca el comienzo de la nueva era conforme a lo previsto por los profetas que esperaban el final del exilio. De acuerdo con el Nuevo Testamento, el juicio de Dios sobre Israel a manos de los Romanos es un juicio que Jesús sufre en la cruz para evitárselo a sus seguidores. La destrucción del templo es la vindicación de Jesús y de sus seguidores como el verdadero Israel. También marca el juicio de Dios sobre los enemigos de este verdadero Israel: un juicio que marca los dolores de parto para el nuevo mundo, anunciando el verdadero retorno del exilio y el amanecer de la nueva creación. Ahora, con la fusión del pueblo de Dios formado por Judíos y Gentiles, la promesa de Dios a Abraham, sobre su numerosa descendencia  como las estrellas, por fin se ha hecho realidad.

La victoria decisiva contra el mal y por lo tanto contra los poderes idolátricos y principados a los que sirve la humanidad se ha ganado en la cruz, dice Pablo -una cruz a través de la que aún los poderes y principados que crucificaron a Cristo fueron reconciliados con su Creador (ver Col. 1:20ss.). En el poder del Espíritu, la iglesia vive esta redención, difundiendo las buenas nuevas hasta los confines de la tierra.

El futuro está alejado de la oscuridad. La creación no humana también fue sanada y, de acuerdo con el  lenguaje de Romanos 8, experimentará un éxodo cósmico, por lo tanto será liberada de la opresión de nuestra idolatría. El mal será erradicado por completo. Como dijo Pablo en 1 Corintios 15: 24-25, 28:

Porque así como en Adán todos mueren, también en Cristo todos serán vivificados. Pero cada uno en su debido orden: Cristo, las primicias; luego los que son de Cristo en su venida; entonces vendrá el fin, cuando entregue el reino al Dios y Padre, después que haya abolido todo dominio y toda autoridad y poder.  Pues Él debe reinar hasta que haya puesto a todos sus enemigos debajo de sus pies. [....]  Y cuando todo haya sido sometido a Él, entonces también el Hijo mismo se sujetará a aquel que sujetó a Él todas las cosas, para que Dios sea todo en todos.

Es significativo que aquí, en la discusión más acalorada sobre la resurrección general en el Nuevo Testamento, no hay ninguna mención del Infierno, ya sea como tormento eterno o como aniquilación. Pero esto no debería ser una sorpresa, sugiero, que la doctrina Cristiana del Infierno, como en todas las apelaciones que se han hecho a la Escritura, no tiene base bíblica.



Comentarios

  1. Buen intento, pero contrario a lo que dices la doctrina del infierno o castigo eterno, es bíblica, no has demostrado lo contrario, solo has armado ideas en una forma que digan lo que tu quieres creer. Sera mejor que reconsideres tu posición.

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