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Una Entrevista Con Robert W. Jenson



Robert W. Jenson es profesor jubilado del Centro de Investigación Teológica en Princeton. El y su colega de toda la vida Carl Braaten fundaron los diarios El Dialógo y Pro Ecciesia , además del Centro para la Teología Católica y Evangélica. Robert ha enseñado en el Colegio Lutero, en el Seminario Teológico Luterano de Gettysburg, en la Universidad de Oxford y el Colegio San Olaf. Sus muchos libros incluyen America´s Theologian: A Recommendation of Jonathan Edwards (1988), dos volúmenes de Systematic Theology (1997; 1999), On Thinking The Human (2003) y, recientemente, un comentario sobre el Cantar de los Cantares para el Comentario de Interpretación Bíblica. Está entrevista aparecio en The Christian Century, el 2 de Mayo de 2007.

PRIMERA PARTE 


¿Cómo ha cambiado el campo de la teología en términos de temas o métodos desde que entraste al medio por primera vez en la mitad del siglo XX? ¿Qué te da esperanza y qué te desanima?

Un gran cambio: Fui a Alemania para estudiar el doctorado porque ahí todavía había acción.  Imagínate: mi rigorosum –  el examen oral para un doctorado -  fue conducido por  Gerhard von Rad, Günther Bornkamm, Hans von Campenhausen, Peter Brunner y Edmund Schlink. Ahora los Estados Unidos son el centro.

Otro: La americanización de la teología ha tenido consecuencias tanto buenas como malas. La mala es el individualismo académico y especulativo típicamente americano; en la teología la diversidad es a menudo algo bueno, pero el espíritu empresarial no lo es.

Todavía otro: Cuando empecé a estudiar, el camino histórico-crítico de la lectura de la Escritura - y de hecho de la lectura de los documentos de la tradición – era la única opción. Últimamente, se ha hecho evidente que la lectura histórico-crítica de la Escritura simplemente no puede mantener la vida espiritual, y se está tratando de recuperar una lectura más simbólica de la tradición. La pregunta es: ¿se puede hacer sin echar por la borda los beneficios del trabajo histórico-crítico? Creo que sí.

En cuanto al estímulo, estoy muy animado por la aparición de una notable generación de teólogos y exegetas finos, sobre todo en Gran Bretaña y este país.

En cuanto al desaliento, la gran división entre la teología y la práctica de las iglesias continúa.


La idea de que los Cristianos son declarados justos por causa de Cristo ha sido una parte central de la teología Luterana y más de la teología Protestante. Sin embargo, con la influencia de la Ortodoxia Oriental, por un lado, y diversas influencias Anabaptistas, por el otro, esta comprensión  "forense" o "jurídica" de la justificación se está cuestionando. Por lo menos, muchos Protestantes están uniendo los conceptos de justificación y santificación. ¿Qué hacer ante estas tendencias? ¿Los protestantes necesitan replantear su entendimiento de justificación?


Todos los teólogos Cristianos enseñan que somos declarados justos por causa de Cristo. Es tal declaración la que abre las posibilidades al conflicto. Los Católicos y otros han acusado a los Protestantes de interpretar tal declaración como si fuera una ficción judicial - en mi opinión, con considerable razón. Pero la forma de arreglarlo no es, creo, uniendo los conceptos de justificación y  santificación, ya que en primer lugar al hacer tal distinción sólo se evidencia el problema. Al menos para el mismo Protestante, Dios nos declara santos y el acto de santificarnos es el mismo acto realizado por medio del mismo acto.

Es decir, creo que la "escuela Finlandesa" de interpretación Luterana tiene razón, si es que fue o no influenciada significativamente por la Ortodoxia. De acuerdo con Lutero y de acuerdo con los Finlandeses, lo que pasa "por fe" es que Cristo mismo, cuya palabra oral y sacramentalmente promulgada es su presencia real, y por la recepción de esta palabra es que habita en el creyente Cristo y así el creyente se convierte en una persona moral. Para repetir la idea de los finlandeses, Lutero cita in ipsa fide Christus Adest, "la fe en Cristo, como tal, está ahí." Somos justificados "por la fe aparte de las obras" no porque Dios opte por ignorar el hecho de las obras que nos faltan, sino porque como habitados por Cristo de hecho somos verdaderamente justos, antes de prepararnos para hacer obras. Por lo tanto la declaración de Dios que somos justos únicamente por el amor de Cristo es un juicio en lugar de una decisión judicial. Puede valer la pena notar que el teólogo más grande de Estados Unidos, Jonathan Edwards, tenía más o menos la misma doctrina.

Las consecuencias ecuménicas de la perspicacia Finlandesa son considerables. Por ejemplo, la mayor hasta la fecha, es la Declaración Conjunta sobre la Justificación entre la Iglesia Católica y el mundo Luterano que probablemente habría sido rechazada por Roma a excepción de la influencia que tuvo sobre el borrador final el obispo Luterano de Helsinki.

En cuanto a mí, a través de la mayor parte de mi vida he tratado de imaginar si el supuesto de la interpretación de Lutero en la línea de Gerhard Ebeling era verídica. Me alegro de haber sido liberado del mito de Sísifo.


En el siglo XX, los teólogos mostraron un renovado interés por la doctrina de la Trinidad. Sin embargo, estos teólogos continúan luchando con las categorías derivadas de la metafísica Griega - un Dios que no cambia, etc. ¿Cómo ves los principales problemas en la articulación de la Trinidad para nuestro tiempo? ¿Cómo se podría revivir el lugar de la Trinidad no sólo en la teología, sino en la vida Cristiana?


A raíz de los primeros volúmenes de la Dogmática Eclesiástica de Karl Barth y de un artículo de 1967 de Karl Rahner, la teología Occidental la ha re-descubierto - al menos momentáneamente - la centralidad de la doctrina de la Trinidad. La doctrina se encuentra nada menos que en una adecuada comprensión de las reivindicaciones radicales del Evangelio, y - como a menudo lo he dicho - por lo tanto, no es un rompecabezas teológico sino es el marco en el que se trata con ese rompecabezas. Siguen existiendo una avalancha de publicaciones acerca de la doctrina - algunas de ellas buenas y otras, de hecho, no tan buenas. Y se ha desarrollado un debate al interior,  que a veces sube bastante de tono.

El desacuerdo empieza a profundizarse. Podemos describirlo por referencia a la "regla de Rahner", que - a excepción de los participantes Ortodoxos en la discusión - casi todo el mundo reclama al honor. Rahner afirma que la Trinidad "inmanente" es la Trinidad "económica" y viceversa, es decir, que la vida eterna del Dios triuno y su historia en el tiempo para con nosotros son de alguna manera un evento, que Dios no es otra cosa que Padre, Hijo y Espíritu personalmente más que entre nosotros, y viceversa.

La teología Occidental Estándar, de acuerdo con Rahner y otros, ha sido dirigida por extrañas máximas filosóficas que intentan postular un abismo ontológico entre la historia trinitaria de Dios en el tiempo y su eterno ser trino - de modo que, por ejemplo, se ha pensado que el Padre o el Espíritu podrían haberse encarnado en lugar del Hijo. Tal enseñanza hizo de las distinciones y las relaciones entre las personas divinas y eternas de la historia real de salvación mutuamente indeterminada, y así, por supuesto, hizo de la Trinidad eterna algo irrelevante para la vida de la fe.

El debate es sobre cómo él “de alguna manera” está por encima, de la conceptualización del es en la  regla de Rahner. Están quienes, por un lado de la discusión acusan a los otros de que la identificación de Dios con su historia es como si lo hiciera dependiente de nosotros. Los últimos acusan a los modernos de la manera de interpretar la eternidad por categorías ajenas a la narración bíblica de Dios - por ejemplo, la "atemporalidad" – que con la misma eficacia nos regresa al callejón sin salida del que Barth y Rahner nos ha llamado.

Estoy entre los acusados ​​de confundir a Dios con la creación. Dos sensibilidades metafísicas que parecen estar en juego aquí, las cuales tal vez no puedan ser resueltas mediante la visión beatífica. Bajo  diversos nombres el mismo conflicto se ha repetido a lo largo de la historia teológica, entre Alejandría – de mi lado - y Antioquía, Oriente y Occidente, Luteranos y Reformados.


En cuanto a cómo podrían revitalizar la piedad trinitaria las congregaciones, estuve en condiciones de hacerlo, me gustaría emitir dos juicios. Me gustaría hacer el papel del clero que deja de lado la administración y la política "profética" para leer un libro difícil o quizás dos. Y lo haría para la inmediata prohibición de toda liturgia "relevante", la mayoría de la cual descaradamente certifica la observación de Rahner de que la fe trinitaria tiene un papel muy pequeño en el Cristianismo pop Occidental -- a pesar de que él era demasiado cortés como para utilizar ese último adjetivo.

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