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Carta A Un Religioso



Simone Weil se a convertido en pocas semanas en una compañera de camino. La gravedad y la gracia bastó para querer saber un poco más de ella. Alguien la retrato como una asceta en el cosmos. Durante el año de 1942, Simone llego a Nueva York huyendo del régimen Nazi. En pocas semanas empezó a interrogarse sobre la pureza de la religión oficial, aunque de ímpetu ateo, Simone pretendió dar un salto de fe para convertirse al Catolicismo Romano. Sin embargo, antes de dar ese salto pensó que la religión católica necesitaba una limpieza filosófica y se dio a la tarea de hacerlo.

Es a través de “Carta a un Religioso” que Simone ordena y sistematiza la duda que le impide acercarse a la 
certeza de la fe. El receptor de la carta será el padre Jean Couturier quién tendrá que dar respuesta a las preguntas de Simone, sin embargo, el padre nunca lo hará. Para Simone era importante saber si sus opiniones eran compatibles con la pertenencia a la Iglesia. Si no lo eran, como suponía, tendría que quedarse fuera de la misma, pero eso significaría, además, que la Iglesia no era católica ni universal. Simone moriría diez meses después de haber enviado la carta cerca de Londres con su fe atea y con su sentimiento aconfesional, pero con una imagen clara y absoluta de un Cristo que era capaz de perdonarla y amarla.

Treinta y cinco serán las cuestiones con las que Simone inquietara al dogmatismo de la Iglesia. Me gustaría en está entrada rescatar la primera, porque en ella resalta la preeminencia del amor revelado en las religiones anteriores al Cristianismo.

Veamos:

Si se toma un momento de la historia anterior a Cristo y suficientemente alejado de él —alejado, por ejemplo, en cinco siglos— y se hace abstracción de la continuación, en ese momento Israel está más apartado de Dios y de las verdades divinas que varios pueblos del entorno (India, Egipto, Grecia, China). Pues la verdad esencial relativa a Dios es que él es bueno. Creer que Dios puede ordenar a los hombres actos atroces de injusticia y crueldad es el mayor error en que pueda incurrirse respecto a él.

Zeus, en la Ilíada, no ordena ninguna crueldad. Los griegos creían que «Zeus suplicante» habita en todo desdichado que implora piedad. Yahvé es el «Dios de los ejércitos». La historia de los hebreos demuestra que los ejércitos no aluden solamente a los cielos sino también a los guerreros de Israel. Ahora bien, Herodoto enumera una gran cantidad de pueblos helénicos y asiáticos de los cuales sólo uno tenía un «Zeus de los ejércitos». Esta blasfemia era desconocida por todos los demás. El Libro de los muertos egipcio, de tres mil años al menos de antigüedad, probablemente mucho más, está impregnado de caridad evangélica. El muerto dice a Osiris: «Señor de la Verdad, te traigo la verdad… He destruido el mal para ti… No he matado a nadie. No he hecho llorar a nadie. No he dejado que nadie pasase hambre. Jamás he incitado a que un amo hiciera daño a su esclavo. Jamás he causado temor a ningún hombre. Nunca he hecho altiva mi voz. Nunca he sido sordo a palabras justas y verdaderas. No he antepuesto mi nombre para recibir honores. No he rechazado a Dios en sus manifestaciones…».

Los hebreos, que estuvieron cuatro siglos en contacto con la civilización egipcia, se negaron a adoptar este espíritu de dulzura. Querían poder…

Todos los textos anteriores al exilio, en mi opinión, están manchados con este error fundamental sobre Dios —excepto el libro de Job, cuyo protagonista no es judío, el Cantar de los Cantares (pero ¿es realmente anterior al exilio?), y algunos salmos de David (pero ¿es segura la atribución?). Por otra parte, el primer personaje perfectamente puro que aparece en la historia judía es Daniel (que fue iniciado a la sabiduría caldea). La vida de todos los demás, comenzando por Abraham, está marcada con cosas atroces (Abraham empieza por prostituir a su mujer).

Esto llevaría a pensar que Israel ha tomado la verdad más esencial concerniente a Dios (a saber, que Dios es bueno antes de ser poderoso) de las tradiciones extranjeras, caldea, persa o griega, gracias al exilio.

Los Cristianos creemos que Jesús es el único camino para llegar al Padre, pero en Simone está verdad toma otro matiz, Él cristianismo y las demás religiones tan sólo poseen el carácter de «iniciaciones» para esa religión realmente abarcadora y universal, basada en la humildad y el anonimato, y no en el narcisismo y el orgullo.”

Hoy 
día es necesario abrir nuestra mente y nuestra fe hacia verdades o ideas que no absolutizen la verdad. Al fin y al cabo, ese tipo de verdad sera la única capaz de hacernos verdaderamente libres.


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