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Nuestra Crisis Teológica

Michael Hardin

Creo que Jesús vino predicando la paz. No creo que por un momento su proclamación de paz significara que él (o nosotros) debiéramos lidiar con las teologías que marginan a las personas o justifican la violencia. Los Evangelios están repletos de encuentros de Jesús con interlocutores que no pudieron manejar su mensaje sobre el perdón de Dios. Está en juego su propia identidad: se habían formado social y religiosamente como «el verdadero pueblo de Dios» logrando sólo el ostracismo tanto en el tiempo (socialmente) como en la eternidad (teológicamente) para quienes no eran como ellos. El evangelio de Marcos es, en palabras de mi amigo John Oliff, una batalla cósmica entre la luz y la oscuridad y abre con una plétora de historias en "conflicto". El evangelio de Lucas comienza el ministerio de Jesús con su experiencia "cercana a la muerte" predicando en su ciudad natal Nazaret. El prólogo de Juan habla del rechazo del Logos (no violento).

Jesús vino predicando la paz, la paz de Dios. La paz de Dios era para todos, no sólo para aquellos que habían logrado leer sus textos sagrados para apropiarse de ellos.

La predicación de la paz hará que te arresten, torturen, encarcelen o maten. Proclamar que la gracia de Dios es para todos hará que te critiquen, te aíslen y pases por lo peor.

El mundo (kosmos) estructurado en la lógica (logos) de la violencia sagrada no puede absorber el mensaje no violento (logos) porque no puede controlar sus efectos. El efecto más significativo del mensaje de la no-violencia es que socava las culturas y religiones estructuradas sobre la violencia. Este mensaje trae una nueva lógica o lo que el teólogo James Alison llama "la inteligencia de la víctima." En las culturas donde la perspectiva del fiscal y perseguidor es consagrada, alabada y exaltada, la nueva lógica (logos) de la víctima trae otra voz, otra perspectiva que recorta las mentiras, los engaños, las distorsiones y la creación de mitos de las opiniones religiosas que pueden justificar no sólo la marginación social sino también la marginación teológica (la doctrina del tormento consciente eterno o el infierno).

El continente Americano no puede ser hoy el conjunto de países que afirme ser o quiera ser "cristiana" por una minoría radical, este es el ejemplo de lo que una cultura "cristianamente" religiosa parece. Dios es invocado por todas partes.

Mira más profundamente a este 'dios' que se invoca,  y ¿qué encuentras? Un dios de la guerra. Un dios enojado. Un dios que bendice arbitrariamente a algunos y maldice a otros. En otras palabras, uno encuentra un dios hecho a nuestra propia imagen disfuncional. Este dios es proclamado en decenas de miles de púlpitos, si no es que en cientos de miles de púlpitos, todos los domingos. Incluso en la [llamada] tradición de la iglesia de la paz este es el dios que se anuncia como el 'verdadero' Dios.
Ahora entiendo que todos queremos la paz. Entiendo que la conversación irénica es mejor y mucho más rentable que los argumentos rencorosos. Sin embargo, el cristianismo que predica a este "dios enojado" no es susceptible de conversaciones amorosas. El menor ataque a su paradigma teológico provoca una cólera tipo Lamec (70 x 7). ¿Por qué? Porque la persona que se aferra a este paradigma teológico no puede permitir que una sola carta en su casa de cartas teológica caiga. Ellos defenderán a este dios enojado con su propia hostilidad de su aliento moribundo. Lo necesitan por muchas razones, pero las razones principales son la seguridad emocional, la seguridad intelectual y la estabilidad social.

Estas personas ganan su identidad propia y de grupo a través de un negativo: no somos esto, no vivimos de esa manera.

La teología cristiana auténtica toma como punto de partida, la vida de Jesús que es un positivo. Nosotros somos esto (los hijos de Dios), nosotros somos (amados de Dios). Donde el Fundamentalismo y ciertas formas de Evangelicalismo en América condenarían a un infierno eterno a los que no se aferran a su teología, los cristianos genuinos creen que no sólo ellos sino también estos mismos fundamentalistas son salvados, redimidos, y por lo tanto amados, por Dios .


Reconocer esto, sin embargo, no significa en modo alguno que debamos amar también al Logos enfermo y torcido (lógica) de su teología. La misma proclamación del Logos Evangélico (lógica) desafiará a cada paso el violento logos estructurador (dios / Jesús) de la cultura religiosa. Estamos en guerra, hay una batalla espiritual; es entre estos dos Logoi y siempre ha sido. El que predica la violencia, la guerra, la tortura, la discriminación; el otro proclama la inclusión, la misericordia y la compasión. No se pueden mezclar. Son opuestos que no pueden resolverse en una síntesis hegeliana. El Logos del Evangelio es la muerte del Logos violento, por esto queridos amigos, es que cuando predicamos la paz levantamos la ira de aquellos que están confundidos, no en Jesús (como ellos piensan), sino en Marte. Pero al predicar la paz que debemos, rompemos las fortalezas teológicas de aquellos que "no saben lo que están haciendo".

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