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Expiación Limitada vs Salvación Universal: ¿Quién Ganará?



La posición ortodoxa prácticamente ha ganado terreno. Actualmente en el Occidente Cristiano tenemos solo una perspectiva de la expiación, aunque ya sabemos que al menos existen siete diferentes puntos de vista o interpretaciones sobre la expiación. Mientras leemos la Biblia podemos ver que hay pasajes en tensión, pasajes que o bien apuntan a una expiación limitada, o a una salvación universal. Sin embargo, para aliviar estas tensiones se han utilizado métodos fáciles que lidien con el problema de la Escritura. Podemos decir que optamos por 1) una versión limitada de la expiación de Cristo (Jesús murió para salvar solo a los elegidos), 2) una posibilidad universal (Jesús murió para salvar a todos pero no por aquellos que decidieron no creer) y 3) un universalismo (Jesús murió por todos y al final todos se salvaran).

Algunos Cristianos se limitaran a elegir cualquiera de esas tres posibilidades sin detenerse a pensar un poco el porqué de su decisión. Sin embargo, para algunos otros, siempre existirá una lucha con estos conceptos porque detenerse a creer por creer no es suficiente. En la actualidad teólogos de la Iglesia han pasado años lidiando con tales temas, ese es el caso del profesor Bruce McCormack. McCormack es teólogo Presbiteriano y profesor de teología sistemática en el Seminario Teológico de Princeton. Además cuenta con una maestría en Divinidad por el Seminario Teológico Nazareno y un Posgrado en el Seminario Teológico de Princeton. Su especialidad es en la teología de Karl Barth y teología moderna. En un ensayo publicado en el libro Karl Barth y el Evangelicalismo Americano (Karl Barth and American Evangelicalism), McCormack nos brinda un sabio consejo para lidiar con esta tensiones en la Escritura y aunque no ofrece una solución teórica ni práctica, si nos a mantenernos fieles a todo el rango de la enseñanza bíblica. Él escribe:

Sorprendido por la ausencia en la teología de Pablo a cualquier mención del infierno.” Uno debería pensar que cuando se habla de ira y enojo, tribulación y desastre para aquellos que hacen lo malo en Rom. 2:8-9 es el equivalente al “infierno” pero Pablo nunca usa la palabra. El concepto de “infierno” juega un rol considerable en la enseñanza de Jesús y en el Libro de Revelación, por supuesto. De esa forma, esta diferencia entre Jesús y Pablo no debería ser un problema. Las dos enseñanzas podrían ser fácilmente armonizadas al considerar que lo que Jesús dijo es solo un agregado a lo que Pablo sabía. El problema, sin embargo, es que Pablo está comprometido con una expiación universal [e.g. 1 Tim. 2:3-6] – así como con la comprensión de que la fe en Jesucristo surte efecto en los seres humanos solo por la gracia de Dios. La combinación de esos dos elementos crea una dificultad de grandes proporciones. Porque si la gracia es irresistible, si la es fe el regalo de Dios como Su voluntad y la muerte de Cristo por todos, entonces, lógicamente, la voluntad de Dios debería ser dar el regalo a todos y la salvación universal debería ser el resultado. Alternativamente, podríamos empezar con “dos grupos”, la escatología de Jesús y la del Vidente para mirar a través de los lentes provistos por la comprensión Paulina de la relación de gracia y fe para que la única posición lógica fuera afirmar una expiación limitada. La salvación universal por un lado y la expiación limitada por el otro; esas son las únicas posibilidades que se levantan en el suelo del entendimiento Paulino de la fe como trabajo soberano de Dios. Y porque la enseñanza de Jesús sobre el infierno, especialmente, fue tomada para ser un polo fijo, la teología Reformada en su expresión ortodoxa siempre concluyo con una expiación limitada. El efecto neto de esa decisión fue, por supuesto, que Pablo se comprometió con una expiación universal que tuvo que ser negociada fuera nuestra existencia.

De lo anteriormente expuesto es obvio que no podemos deshacernos de las tensiones que presenta la Escritura. Podríamos tardar siglos en encontrar la respuesta, pero el propósito de esta entrada es convertirnos en espectadores pragmáticos y no enredarnos en falacias que no nos llevarían a ningún lado más que a radicalizar nuestras posiciones. Entonces, ¿cómo podemos superar estas tensiones? Si Dios quisiera haber hablado solo del sentido de la salvación universal el peligro que correríamos como seres caídos es posicionarnos desde el espectro antinomiano de la fe. Por el contrario, Si Dios solo hubiera querido escoger a solo algunos seres humanos, muy probablemente el concepto de salvación no existiría.


Si un gran maestro de la Iglesia como McCormack no ha podido o no ha querido ofrecer una solución al problema de las tensiones en la Escritura, especialmente con respecto a la salvación de los humanos, es porque quizás quiera advertirnos que no podemos hacer un dictado o establecer patrones en la Escritura, es más tal vez no sea posible armar todas las piezas del rompecabezas. No es necesario recordar que somos creaturas caídas, que todavía miramos a través de un espejo opaco, que todavía tenemos que caminar por fe más que por vista. Por lo tanto, vamos a dejar que la Palabra de Dios sea la Palabra de Dios, y así tal vez podamos inclinarnos ante toda nuestra lógica y categorías sistemáticas en humilde sumisión.

Fuente Original: Reformissio.

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