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La Cabaña y un Dios de Color



Derek Flood


Si bien el contexto cultural, religioso y político en dónde se desenvuelve Derek Flood es Norteamérica, creo que es posible integrar esta lectura al contexto latinoamericano. Y digo latinoamericano porque nuestra comunidad latina así como la afroamericana sigue siendo minoría en EU. Dedico entonces esta entrada a los latinos quienes por una u otra causa han tenido que emigrar a EU. Pero en un contexto más general, también a todos los desplazados del mundo, a las minorías, a los migrantes, a los que han dejado su tierra para trabajar en otros países. Espero también hacer conciencia entre los que tenemos el privilegio de no salir de nuestra tierra natal, para que seamos hospitalarios y una bendición a esas minorías.

Cuando en la novela más vendida de William P. Young, The Shack (La Cabaña), Dios fue retratado como una mujer negra, consiguió que algunos conservadores blancos perdieran la cabeza. Lo mismo  sucedió el mes pasado cuando la adaptación cinematográfica fue lanzada teniendo como protagonista a  Octavia Spencer (The Help, Hidden Figures) en el papel de  Dios, o "papá" como se refieren a ella en La Cabaña. Aparentemente, cuando Dios es retratado como un león, es totalmente bueno, pero cuando Dios es retratado como una mujer negra, algunas personas se ofenden. Me ruboriza pero no me sorprende.

No he visto todavía la película, y estoy un poco asustado porque puede ser un ejercicio algo aburrido para mi gusto personal. Pero he estado pensando mucho últimamente acerca de la idea de representar a Dios como una mujer negra, y estoy convencido de que hay algo muy profundo allí, si es que estamos dispuestos a mirar más allá de la "ofensa de la cruz".

Por supuesto, históricamente Jesús fue, sin duda, una persona de color, a pesar de las muchas representaciones que muestran a un hombre blanco de cabello rubio, y ojos azules. Pero hay algo mucho más profundo que el color de la piel. Jesús eligió explícitamente asociarse con aquellos que estaban en el último nivel de la sociedad, aquellos que eran considerados "los marginados". Proclamar a Jesús como Señor es decir que el César no lo es. Significa el destronamiento del dios del imperio, el dominio, la fuerza, la riqueza. Como dijo Jürgen Moltmann,


"Por el amor de Cristo soy ateo, un ateo respecto a los dioses del mundo y de la historia del mundo, a los Césares y a los semidioses políticos que los siguen. Sólo un cristiano puede ser un buen ateo. "(El Dios Crucificado, 195).


Tengo una gran deuda con lo que he aprendido de teólogos blancos como Moltmann. Pero me siento obligado a ir en una dirección más radical. Cuando veo cómo los evangélicos blancos en América han abandonado a Jesús para seguir el imperio, el mamón, el odio y la violencia estatal, me siento tentado a ser ateo, y ciertamente declaro con Moltmann mi rechazo categórico de su falso evangelio. Mientras que en el pasado podría pensar que estos "hipercalvinistas", fueron una vez una minoría fuerte y enojada, no puedo ignorar que hoy día representan el 80% de los evangélicos que votaron por Trump.

Durante décadas he intentado, como muchos otros, caminar por un terreno intermedio, haciendo hincapié en que los liberales y los conservadores tienen perspectivas válidas, pero también ambos tienen grandes puntos ciegos. Sin embargo, ha habido un cambio importante dentro del republicanismo conservador en los últimos años que culminaron en las elecciones políticas más recientes. Este cambio se caracteriza por el movimiento de la compasión hacia el fomento del odio y el miedo, viendo a los de otras razas, otros países, otras religiones como el "enemigo". Realmente es un alejamiento de la democracia hacia algo más parecido a una dictadura. En vista de todo esto, no puedo simplemente  mantener una posición de quedarme  "en medio" en cuestiones políticas y sociales. Tengo la obligación moral de enfrentar ese movimiento que representa el polo opuesto de Cristo y sus valores del reino, y me opongo abiertamente en el nombre de Jesús. Me niego a ver este fenómeno como algo normal como si votar por Trump fuera una opción legítima para los seguidores de Jesús. Esto no es política como usualmente se hace y no hay espacio para ser neutral. No hay ningún lugar para mirar desde el banquillo, como si moralmente no pasara nada. Si por lo menos me preocupo, como lo hace Jesús, debo estar con ellos. Jesús muestra con la encarnación que la santidad no permanece separada, y por encima de, más bien la pureza requiere suciedad.



Debido a esta política conservadora que está en bancarrota moral, y a la iglesia evangélica siguiéndole ciegamente en este abismo aparentemente sin fondo, me encuentro a menudo exclamando con incredulidad, "¡¿Qué está mal con la iglesia?!" Pero como pregunto esto, tengo que detenerme y preguntarme ¿por qué asumo que está es la iglesia? Como ustedes saben, cuando las estadísticas nacionales se refieren a "evangélicos", exclusivamente hablan de evangélicos blancos. Los evangélicos negros no se cuentan. Entonces, cuando exclamo: "¿Qué hay de malo en la iglesia?" O "¿Por qué la iglesia no se preocupa por la justicia social?" Hay un montón de gente de color que podría contestar "¿Disculpe? ¿De qué iglesia está hablando?

Para poner las cosas en términos más claros, es obvio que cuando los dueños de esclavos adoraban a Dios en sus iglesias cristianas, veían a un Dios muy diferente, un Jesús muy diferente, al que sus esclavos adoraban en sus iglesias. Para aquellos esclavos, Jesús había venido para liberar a los cautivos. Conociendo lo que conozco sobre el Jesús histórico así como del Jesús del Nuevo Testamento, puedo decir inequívocamente que los esclavos estaban mucho más en línea con el Jesús real.

Ya no tenemos esclavitud institucional en los Estados Unidos, y se solía pensar que el racismo también era una cosa del pasado. Algo que arreglamos en la década de los 60s. O al menos era algo que sólo se podía encontrar muy al sur. Pero estaba muy equivocado. Michelle Alexander abrió mis ojos para ver la magnitud de lo roto que está nuestro sistema de justicia penal, así como la amplia gama de racismo sistemático dentro de la policía de nuestra nación. He aprendido que casi todos los padres negros necesitan hablar con sus hijos sobre cómo no ser asesinados por la policía. Como padre, realmente me he ido de bruces.




Mientras termino de despertar de esta inquietante realidad, los afroamericanos lo han estado viviendo por... bueno, durante toda la vida. Veo a los ateos blancos enojados, y créanme, entiendo su rabia. Pero no quiero ser así. No quiero convertirme al ateísmo, ni siquiera en una forma "atea cristiana" moltmanniana. Estoy convencido de que "un chico blanco" lo haría. Pero busco hacer algo más radical, y espero también más vivificante. Quiero convertirme y ser un cristiano negro. De hecho, me gustaría ser una cristiana negra. ¿Puedo hacer eso? Bueno, solo voy a hacerlo.

Por supuesto que no puedo cambiar mi color de piel (ni siquiera puedo obtener un bronceado). Pero quiero sentarme a los pies de las personas de color, y especialmente de las mujeres, y aprender de su fe. Ya lo he hecho de manera intelectual a lo largo de los años, después de haber leído muchas teorías de liberación feminista negra, y he encontrado que es tremendamente gratificante aprender de esta "teología desde los marginados". Pero quiero llevarlo a un nivel más profundo. Honestamente mi fe depende de ello.

La fe que he conocido en la "iglesia" como evangélico blanco ha sido destrozada. Ya no creo en esa religión. Pero veo esperanza en otra iglesia. Quiero aprender cómo puedo aferrarme a la esperanza ante tanta injusticia. Quiero aprender a ver a través de sus ojos, para aprender a canalizar esa ira, el dolor y el miedo para hacer el bien ante un imperio que se dice llamar "cristiano" cuando claramente no lo es. Quiero adorar y confiar en el Dios que los afroamericanos han visto desde el principio.


No estoy hablando de teología aquí, de algo que puedo hacer en mi mente y en el aislamiento. Estoy hablando de la iglesia, de la comunidad, de aprender del ejemplo de otros que han estado caminando durante mucho tiempo en el lugar donde se aprende a caminar.


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