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Inter-Abrazo y Pericóresis

Dr. Marty Folsom



Describir a "Un Dios en tres personas" no nos conecta automáticamente con ese Dios. Sin embargo, conocer y ser conocido por este Dios es la tarea central de la historia bíblica. El Jesús de la Biblia nos invita a compartir esta vida, a permanecer en el amor compartido del Dios Triuno, y a mantenernos en una koinonia que nos permite tener un gozo completo por la obra del Espíritu. Con ese fin, luchamos con las palabras para que nos ayuden a describir la realidad del ser de Dios, con el propósito de que nuestra vida sea animada y rodeada por él.

La Biblia declara que hay un solo Dios. Este no es un conocimiento natural basado en una observación del mundo material; sino es el propio testimonio de Dios. Encontramos a "Un Dios" que es descrito en la Biblia, atestiguado por la proclamación del Antiguo Testamento, "Oye oh Israel, el Señor nuestro Dios Uno es". No hay tres Dioses; hay un solo Dios. En el Nuevo Testamento estas tres personas toman más relevancia, pero en el Antiguo Testamento se ven en el Padre Creador, el Mesías esperado y el Espíritu de Dios que se entrelaza y aparece en la historia desde el primer aliento de la creación.

El Nuevo Testamento sigue afirmando a Un Dios. Sin embargo, Jesús se refracta como un prisma-revelándose a sí mismo como Dios, revelando que Él es Uno con Su Padre, y prometiendo que el Espíritu vendrá a ser el Agente de Dios. Toda la Deidad habitará en nosotros. Los tres revelados por Jesús como Padre, Hijo y Espíritu son el Único Dios. Confesar, "Yo creo en el Padre" es confesar que Él tiene un Hijo. La Unidad de Dios se mantiene sin distinción en las tres Personas; sin embargo, cada Persona es absolutamente inseparable de las demás.



¿Cómo podemos describir esta unidad relacional? La palabra pericoresis es un término usado que  explora la idea de un Dios unificado en tres Personas interpenetrantes que no pueden ser separadas. Esta semana mientras leía a John Zizioulas, encontré que utiliza el término inter-abrazando como una explicación al término pericoresis. Me gustaría hacer algunos comentarios.

Para mantener la unidad del ser de Dios, cambiaría inter por intra. Inter designa una relación entre dos o más elementos que abre un espacio para la intermediación. Intra - designa algo interno en una cosa o un ser. Necesitamos imágenes impactantes de la integridad de la Trinidad. Así que si decimos intra-abrazo, mantenemos más claramente la vida inseparable del Dios que es indivisible, no se puede dividir, y excluimos un "entre" que implica que esta vida unificada no está esencialmente conectada.

Me gusta mucho el componente – abrazando. Esta palabra es más personal, tierna, intencional, y representa cómo se sostiene al otro con amor. Esto es más íntimo que otras imágenes. La interpenetración mutua puede sentirse invasiva, es una integración que no implica necesariamente cariño y cuidado. Del mismo modo, la co-residencia o la mutua permanencia, mientras que tienen una sensación de permanencia en el otro, no da una idea del amor que llena esa morada. Estos términos hacen alusión a la mutua permanencia descrita en Juan 15, enfocada principalmente entre Jesús y los seres humanos. Ser co-inherente también muestra una sensación de existencia, pero inevitablemente no extiende su amor como modelo esencial de la existencia divina.



Abrazar es, sin duda, un término humano. Pero muestra un acto que cumple con la intención de conocer y amar al otro. Esa imagen refleja el Evangelio de Juan, con el Padre y el Hijo conociéndose y amándose como el Dios Único. Necesitamos un lenguaje que nos permita ser captado por esa realidad. La unidad amorosa que existe en el abrazo interno de Dios es aquella de la cual derivamos un cuadro de la Iglesia de Jesucristo como una armonía de diversas personas. Al compartir la vida de Dios, entonces es cuando somos invitados a un inter-abrazo humano así  como lo estamos en Cristo por el Espíritu como hijos del Padre.

Oliver Crisp habla de la pericoresis como una caja negra (Oliver D. Crisp, PROBLEMAS CON PERICORESIS, Boletín Tyndale 56.1 (2005) 119-140). Sus preocupaciones derivan en articular una teología apropiada de la pericoresis para las dos naturalezas de Cristo, así como describir a las Personas de la Trinidad. En la medida en que involucra aspectos filosóficos se va tornando escéptico. Para él y otros críticos, la conclusión es que Dios es misterio y por tanto estamos haciendo afirmaciones demasiado audaces. También existe la preocupación de que los teólogos tomen ideas de la experiencia humana y se proyecten sobre las relaciones internas de la Trinidad, esto es en la filosofía, una sabiduría humana usada para describir a Dios, no en la teología. Podemos afirmar con seguridad que no queremos proyectar ideas humanas sobre Dios. Tampoco podemos ver a los filósofos como los árbitros finales del uso del lenguaje teológico. Jesús tiene una agenda para dar a conocer a su Padre y el amor que comparten en su vida como nuestro nuevo hogar. El Espíritu nos lleva a eso. Todo pensamiento consecuente que busca darse cuenta de que la vida es meramente un descubrimiento y una respuesta a la gracia como presencia personal de Dios. No necesitamos definiciones o descripciones que no produzcan la dinámica de entrar en la vida tan gentilmente ofrecida.



Mi deseo es encontrar un lenguaje contemporáneo que refleje el lenguaje bíblico. El Padre está en el Hijo y el Hijo está en el Padre. Ellos se aman al mismo tiempo. No son la misma persona; ellos son distintos si bien son Uno. Podemos dejar mucho espacio para el misterio, pero también debemos afirmar que personalmente y conscientemente son inseparables con un amor único que está constituido y sostenido en esta relación. Es un amor en donde ambos se mueven entre sí en un abrazo, así como uno al otro reciben un abrazo. Esta actividad personal de solidaridad nunca desaparece. El único Dios, incluido el Espíritu que es el Espíritu del Padre y del Hijo, confirma su participación en esta única vida de amor.


¿Por qué toda esta aclaración? Porque busco términos que se alejen del mundo abstracto de las ideas y abran una puerta a lo que la Biblia parece querer decir: permanecer en el amor del Dios Único como Cristo está en nosotros y nosotros en Él. Su acto de restauración para la humanidad nos abraza en una relación que es derivada de la vida de Dios, y la comparte como un regalo - la gracia del propio abrazo de Dios ahora viene hasta nosotros. Hasta que podamos usar este lenguaje de intra-abrazo entre Dios e inter-abrazo para nosotros, superando la "separación entre" el pecado, saldremos de las abstracciones sobre Dios y de nuestra comunión con Dios, tal vez hasta ese momento podremos conectar con la idea. No estoy tratando de proyectarme en Dios, no soy filosóficamente ingenuo, ni afirmo que finalmente capturé la esencia del ser de Dios. Necesitamos seguir desarrollando nuestro lenguaje como una herramienta de comunicación que nos ayude a leer la Biblia, a orar y a vivir en comunidad. Dios se ha comunicado con nosotros en Persona, y porque Dios se ha revelado a sí mismo como un ser en relación, el intra-abrazo en la vida de Dios se vuelve el extra-abrazo hacia nosotros. En la llegada de Cristo para llevarnos al Padre y en la actividad del Espíritu se abre la posibilidad de ser abrazados por el Único Dios, somos invitados a una vida de amor en donde recibimos la promesa de Aquel que dijo, "Y vendremos a ellos y haremos nuestra casa con ellos" (Juan 14:23).

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