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La Oración de un Obrero



El Capital de Karl Marx escrito entre 1861 y 1863, es un texto revelador. En el Capital Marx muestra todo su pensamiento político y económico centrado en el desarrollo de la historia. Sin embargo, al momento de interpretar la religión es necesario volver a un texto más temprano de Marx. En su Crítica de la Filosofía del Derecho de Hegel de 1844 Marx nos da las bases del por qué la religión es el problema para alcanzar la estabilidad en una sociedad sin clases. El sistema económico dominante ha interpretado a Marx y nos ha enseñado que esa interpretación es la verdadera. Para el laico o el creyente común el Marxismo es un sistema de tintes malévolos, incluso hasta demoniacos.

Mucho me temo que doctrinas como la interpretación materialista de la historia, el determinismo económico y por su puesto la religión nos han limitado y por supuesto también nos han superado. Usualmente los cristianismo pedimos a Dios prosperidad económica; en nuestra cultura y en nuestro entorno económico difícilmente hemos pasado por situaciones como la de la Iglesia Primitiva, los peones en la época medieval, los esclavos traídos a América, incluso la de nuestros indígenas después de la conquista.

En 1910 el Reverendo William Thurston Brown escribe un libro poco conocido, Socialism and Primitive Christianity (Socialismo y Cristianismo Primitivo) en él hace una comparación de las tesis básicas del Socialismo y de la Iglesia Cristiana del Primer Siglo; debo aclarar que no estoy diciendo que la Iglesia Primitiva haya sido Socialista, sino que hay muchos paralelos entre los dos sistemas. Mientras leía el libro del Reverendo encontré una oración que me hizo reflexionar y preguntarme, cómo oran las minorías, los esclavos, los perseguidos, los obreros, los que día a día buscan el sustento.

Tal vez está sea la forma en que ellos oran:

Soy un minero de una mina de carbón. Toda mi vida ha sido una lucha constante, dura y cruel, la lucha que he librado no ha sido para comprar autos, yates, vacaciones y lujos, sino para tener una mera existencia animal. Estoy comprometido en una dura pelea para buscar comida, ropa y refugio para mí y  para los míos.”

El proletario no es capaz de hablar de "patriotismo", de "civilización cristiana", de "justicia eterna" y de "un gran país". El obrero no vive en las nubes. No está preocupado por las especulaciones religiosas o metafísicas. Su contacto con la maquinaria, hecha por el hombre y operada por el hombre, día tras día le enseña inconscientemente que existe una causa y un efecto.

Si él o algún compañero de trabajo tiene un accidente debido a la operación de la maquinaria, aprende que no fue un castigo enviado por algún poder supremo, sino que fue debido a alguna torpeza del operario o de la máquina. Semana a semana se le enseña lo qué es el Determinismo Económico. Sabe que lo que siente por el mismo, por su familia y por la sociedad está determinados, generalmente, por su condición económica, se dé cuenta o no.

El obrero no elabora teorías sobre la plusvalía como lo hacen los profesores universitarios. Se impresiona cada vez que ve a su patrón comprar un automóvil nuevo o hacer un viaje a Europa, mientras que él está haciéndolo más rico, o cuando se pregunta por un trabajo y encuentra que no es requerido porque ha producido demasiado. Y la lucha de clases, nadie la conoce mejor que él. Cada día  está más impresionado. Sabe que está siendo explotado por los más ricos y sabe que son sus enemigos.

No sé si tú que estás leyendo seas rico, pobre, socialista, capitalista, cristiano o budista. Todos por medio de la política o la religión buscamos un mundo nuevo, más justo. La Biblia enseña que una sociedad justa es aquella que da amor, que comparte, que defiende al débil.


¿Hasta dónde eres capaz de dar? ¿Hasta dónde eres capaz de amar?

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