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El Lugar del Griego en la Teoría Bíblica de Epifanio (Parte 3.3)




Introducción

Continuando con la descripción de la teoría bíblica de Epifanio, en esta entrada describo la evaluación que hizo Epifanio de las adiciones en la traducción Griega con respecto al texto Hebreo.

Adiciones en la Traducción de los Setenta y Dos.

En la siguiente sección de Pesos y Medidas, Epifanio se adentra en la cuestión de los obelos, signo usado por Orígenes para marcar palabras y frases presentes en la traducción de los Setenta y Dos, pero que no fueron traducidas por Aquila y Simaco. Existe un hecho importante, Epifanio no dijo "no están presentes en el Hebreo", sino más bien Epifanio parece decir que los revisores posteriores Judíos no tradujeron correctamente el significado del Hebreo:

Por sí mismos, los Setenta y Dos traductores añadieron estas palabras, no sin razón, sino más bien por su utilidad. Porque añadiendo a las palabras que ya existen elípticamente [en el Hebreo], llevaron a darle claridad a la lectura, para que pudiéramos comprender que no estaban privados del Espíritu Santo. Porque analizaron aquellas palabras [en Hebreo] que no tenían porqué ponerse en duda. Pero dondequiera que aparecía una palabra [en Hebreo] traducida al Griego que se pensara que fuera defectuosa, allí hicieron una adición (Meds. 3, traducción mía).

Así, los Setenta y Dos aumentaron el texto Hebreo con sus representaciones expansivas. En un punto, Epifanio describe las palabras Hebreas que existen "elípticamente" o "ambiguamente" (ἐλλιπῶς, cp. usado en Meds. 2, donde los Setenta y Dos dan forma al Hebreo de forma elíptica para la remoción de repeticiones) y en otra parte con palabras que "parecen ser defectuosas" o "están cojeando" (χωλός). Epifanio sostiene que en estos casos donde el Hebreo es elíptico o que parecen ser defectuosas ahí los Setenta y Dos traductores hicieron sus adiciones.

En Meds. 6, Epifanio da un breve ejemplo del Salmo 140 para explicar lo qué quiere decir con la expresión Hebreo defectuoso y cuál es el remedio usado por los Setenta y Dos:

En el Salmo 140 existe en el Hebreo, la expresión, "Ἀδωναῒ ἐλὰχ καριθὶ ἰσμαὴλ ἰεββητὰ ἀκὼλ", que se traduce, "Señor, clamé a ti, escúchame; presta atención a la voz." El hebreo no contiene la frase, "de mi oración." Véase, por lo tanto, cómo la expresión defectuosa (χωλός) es encontrada. Pero los Setenta y Dos traductores, habiendo añadido la frase de mi oración, hicieron una línea completa y tradujeron: "Oh Señor, clamé a ti, escúchame; presta atención a la voz de mi oración ". Y vea cómo se canta el salmo una vez arreglado. ... Porque las palabras se añadieron bien a la expresión y este arreglo fue útil para las naciones que iban a ser introducidas en la fe de Dios para adquirir la herencia de la vida de los oráculos divinos de la Antigua y Nueva Alianza.

La versión de los Setenta y Dos, según Epifanio, hace explicito lo que ya está implícito en aquellos lugares que se perciben como "defectuosos" o "elípticos" en el texto Hebreo cuando se agregan palabras. Estas adiciones se presentan como un beneficio para las naciones que están a punto de adquirir la herencia de vida de los oráculos divinos del Antiguo y Nuevo Testamento.

Conclusión

En el resumen final del uso de Orígenes de los signos críticos y de un argumento sumario a favor de la traducción de los Setenta y Dos contra los revisores Judíos, Epifanio dice:

Está bastante claro que la verdad se encontrará en la traducción de los Setenta y Dos [más que en Aquila, Simaco y Teodocion]. Por lo tanto, es bien sabido por aquellos que están dispuestos a examinar esto honestamente, que no sólo eran traductores, sino también en parte eran profetas. Porque ellos pasaron sobre una traducción de la cual no había ninguna necesidad de revisar, las (cosas) que Orígenes puso bajo asteriscos en sus lugares. Ni tampoco quitaron las cosas que estaban añadidas, porque sabían que había necesidad de ellas, pero el obelo lo dejó donde encontró cada una de las cosas que se habían dicho, sólo dejo marcado lo conocido sobre la lectura en su lugar a través de los obelos (Meds. 17, traducción y énfasis mío).

Los Setenta y Dos traductores de la Septuaginta no son meros traductores, según Epifanio, sino también son profetas debido en parte a sus omisiones y adiciones a lo largo de la traducción. Llamarles "profetas" es significativo porque ya antes en el discurso, nos hemos referido a los escritos Hebreos como los libros divinos de los profetas (Meds. 9 y 10). Aquí, él dice que eran profetas en parte (ἀπὸ μέρους), lo que sugiere un leve estatus de desigualdad. La declaración de Jerónimo en su Prólogo a Génesis puede encontrar su fondo aquí:

Y no sé quién fue el primer autor que construyó las setenta celdas en Alejandría, en las que se dividieron los que escribieron, ahí estaba Aristeas el campeón del mismo Tolomeo, mucho tiempo después Josefo no escribió lo mismo, sino más bien (ellos) se reunieron en grupos, escribiendo en una basílica, (y) sin haber profetizado. Porque una cosa es ser vidente, y otra es ser intérprete.

Epifanio claramente cree en los detalles de la leyenda de los Setenta y Dos más que en Jerónimo, pero también parece negar la condición profética de la traducción de los Setenta y Dos, proponiendo que eran "profetas en parte". Tienen el don del Espíritu Santo pero esto no equivale a ser profetas de los libros divinos para la mente de Epifanio. Ellos han realizado una obra notable en la traducción de las Escrituras Hebreas, porque sus omisiones y adiciones han suavizado la repetición superflua y aumentado la expresión ambigua Hebrea para las naciones que estaban a punto de recibir la vida eterna.



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