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¿Teología como Escatología? Una Respuesta Proléptica* de Barth a Moltmann



"Desde el inicio hasta el fin, y no meramente como epílogo, el Cristianismo es escatología, es  esperanza, mirar adelante y moverse hacia adelante, por lo tanto, también es revolucionar y transformar el presente. Lo Escatológico no es un elemento del Cristianismo, sino es el medio de la fe Cristiana como tal, la llave que abre todas las puertas, el resplandor que ilumina todo el amanecer de un nuevo día".



Estas famosas palabras provienen de la Teología de la Esperanza, el libro que lanzó a Jürgen Moltmann al ámbito teológico. En cierto modo, ponen de relieve toda la trayectoria de su carrera, incluso cuando se contrastan con su teología crucis en El Dios Crucificado y se amplían con mayor detalle en La Venida de Dios.

Y aunque muchos han elogiado a Moltmann por recuperar el centro escatológico y el carácter de toda la teología Cristiana, Karl Barth no se convenció tan fácilmente. Como muchos de ustedes saben probablemente, Wyatt Houtz (alias, "el PostBartiano"), un amigo del Grupo de Discusión Karl Barth (facebook), ha publicado entradas que hablan de la correspondencia entre Barth y Moltmann con respecto a la Teología de la Esperanza. Y Aunque Barth elogió la obra de Moltmann en correspondencia con Wolfhart Pannenberg y Eduard Thurneysen, también fue más crítico en su correspondencia con Moltmann: "¿No es tu Teología de la Esperanza una versión bautizada del Principio de la Esperanza de Herr Bloch? Tú sabes que alguna vez tuve en mente atacar en esta dirección, pero luego decidí no hacerlo. "

Probablemente Barth tenía en mente el carácter escatológico de su comentario a la epistola a los Romanos, pero algunos creen que fue descartado por la Cristología en su Dogmática Eclesiástica. Vamos a dejar de lado el debate por un momento y volvamos a un fascinante párrafo (¡sí, un párrafo!) de CD I.2 de 1938. El pasaje es notable no sólo por sí mismo, sino también porque podría fácilmente haber sido escrito como una respuesta al proyecto entero de Moltmann. Les dejo el texto de ese pasaje:



"Ahora es obvio que debemos considerar la verdad final: Dios es el Redentor, el que ha hecho al hombre y lo ha reconciliado consigo mismo, lo encuentra en Su Palabra para que Él sea su futuro entero, cumpliendo y consumando lo prometido en Su obra creadora y reconciliadora, una vez más, debe reconocerse la acción de Dios como Creador y Reconciliador. Es aquí donde Él nos encuentra claramente como el Dios de la fidelidad eterna, que ni nos busca ni se permite ser buscado por nosotros, sin permitirnos encontrarlo. Pero la redención no se disuelve simplemente en la expiación. No es una cuestión por supuesto de que un regnum gloriae siga al regnum gratiae. No es una cuestión de que Dios será también nuestro todo y un futuro perfecto. No es una cuestión por supuesto que Jesucristo viene de nuevo y que en su Espíritu Santo podemos tener aquí y ahora el compromiso de su fidelidad y venida. La escatología, entonces, no puede ni debe ser considerada y tratada simplemente como un apéndice a la doctrina de la expiación. Jesucristo en la totalidad del Nuevo Testamento puede ser entendido realmente como este Salvador que ha de venir. Si Él no es Aquel que viene, Él no es Aquel que ya ha venido. Si la expiación que ha tenido lugar en Él no se entiende en el sentido futuro, no puede entenderse en el tiempo perfecto, lo que significa que no puede ser entendido en absoluto. Nuestra regeneración, justificación y santificación, la Iglesia y el sacramento, toda la existencia y toda la obra de Jesucristo en el presente son escatológicas, es decir, sólo son reales en el venidero Redentor. ¿Qué podemos tener en el presente que no tengamos en la esperanza? Pero cuando decimos esto, tenemos que recordar que aquí también, es posible una regresión. Se puede construir un sistema en donde el hecho central es que la acción de Dios es realizada por Aquel que todavía no está presente, Su reino es sólo futuro, la Iglesia es distintiva sólo en contraste con este reino venidero, la vida de la Iglesia y de los creyentes es una mera expectativa que va avanzando hacia adelante, toda la realidad de la expiación es la precipitación del hombre en un estado de anhelo que no es más que anhelo, y la fe es un vacío y nada más. Visto desde el centro escatológico, la creación retrocede en la tenue distancia, quizás en una luz muy distorsionada, con la caída y la necesidad presente en la vanguardia. Desde este punto de vista, la doctrina de Dios adquiere inevitablemente el carácter de un postulado masivo. Es, por supuesto, imposible pasar por alto el hecho de que Dios en Su Palabra es también el Redentor venidero. Y este hecho puede fácilmente hacer que una sistematización escatologica consistente de la dogmatica parezca una posibilidad muy iluminadora y tentadora. No es necesario probar que la Biblia y especialmente el Nuevo Testamento dan mucho estímulo para adoptar este curso. Y si entre los Reformadores encontramos poca o ninguna inducción a una dogmática centrada escatológicamente, debemos recordar que su actitud hacia lo último era el aspecto más débil de su doctrina y la menos digna de imitación, de modo que ciertamente no podemos considerarnos obligados por ellos. ¿Por qué no deberíamos adoptar este camino, quizá como reacción a una poderosa y peligrosa sistematización de la creación? Ciertamente, si la obediencia a la Palabra de Dios permitiera reacciones arbitrarias de este tipo. Pero las aberraciones de cualquier lado, y por lo tanto de este lado, obviamente no pueden ser permitidas si nuestra preocupación es con un relato fiel del contenido de la Palabra de Dios. En la Palabra viviente la expiación efectuada no se evapora en un anhelo de la redención venidera, ni la Iglesia en el reino venidero de Dios, ni la fe en la esperanza, ni el recuerdo en la expectativa. De nuevo, en la Palabra viva la creación no se retira en una distancia dualista o incluso contradictoria. Y en la Palabra viviente es absolutamente imposible que Dios, sujeto de todo el proceso, adquiera el carácter de un postulado que garantice la iniciación de la gran transformación futura. La gratitud y el anhelo, la paciencia y la impaciencia, la paz final y la inquietud final, la fidelidad a la Iglesia y un deseo apasionado por el nuevo aeón: no se neutralizarán ni se contendrán en un pensamiento y un discurso controlados por la Palabra viva de Dios, ni, por otra parte, se liberarán de tal manera que uno se exprese sin restricciones a la exclusión del otro. En una coexistencia que no debe ser resuelta ni suspendida, formarán el pensamiento y el habla apropiados al Cristianismo y a la Iglesia. Por esta razón, la doctrina de la redención no puede convertirse en el centro de un sistema. Por esta razón debe ir acompañada de la doctrina de Dios, la doctrina de la creación y la doctrina de la expiación. No debe ser subordinado o superordenado, sino coordinado con ellos en una unión real por razón de su origen común y fin en la Palabra de Dios. No puede ser a priori más de lo que pueden. Junto con ellos sólo puede estar relacionado con el a priori que por su propia naturaleza no es un principio que podemos controlar, y nunca puede ser, sino que tiene todas las cualidades de un verdadero a priori ".



 *La conducta proléptica en sentido estricto implica el desarrollo de normas y reglas que implican la distinción y semejanza con otras situaciones ya dadas anteriormente, algo que los animales no pueden realizar, dada su incapacidad para manejar un lenguaje abstracto. La prolepsis procede de la anamnesis, es decir, las conductas operatorias orientadas hacia unos fines (los futuros "proyectados") presuponen la presencia de formas o modelos pretéritos (o sea, ya realizados). Por ejemplo, no es la representación de un objeto futuro (que no existe) aquello que guía la ejecución de conductas prolépticas, sino la representación de un objeto apotético presente que ya ha sido percibido. Sólo retrospectivamente podremos afirmar que el objeto pretérito es una anticipación del objeto futuro, como si hubiera sido reproducido del futuro.





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