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La Batalla Por La Interpretación De La Biblia (Tercera Parte)



La época de los acercamientos literarios y canónicos

Al destruir, pierdes forma y fondo; al deconstruir, ganas nuevas formas al revisar el fondo.

Jacques Derrida

En está última entrada veremos los nuevos acercamientos hermenéuticos para interpretar la Biblia. En las dos entradas pasadas (ver aquí) y (aquí) hicimos referencia al problema que la Ilustración le planteó al Cristianismo. La sistematización y el historicismo como perspectivas bíblicas fueron dos herramientas que utilizó el Cristianismo ante el uso de la razón impuesto por el humanismo secular. En está entrada daremos un breve panorama sobre el acercamiento canónico y literario que a partir del siglo XX se gestó en la ciencia bíblica.

Después de haber librado dos batallas importantes, la ciencia bíblica tomó un período de reflexión para replantear cómo debería acercarse al Texto Sagrado sin necesidad de sacrificar su inspiración y su originalidad. Hacia la época de 1970 surgió un modelo que no pretendía ser histórico en el fondo pero si en su forma, ya que pretendía acercarse al hecho o fenómeno a través de la evolución del texto, a este enfoque se le conoció como histórico-diacrónico. Sin embargo, y a pesar de no querer entrar en debates sobre la crítica del texto, la academia tuvo que soportar algunos embates por parte de la nueva crítica, que como en la mayor parte de los casos, provino de los círculos conservadores. El estudio crítico de la Biblia siguió buscando liberarse del énfasis o la literalidad que el conservadurismo quería imponerle con el propósito de encontrar una interpretación más libre.

El fin de la modernidad llegó y con él también apareció el fenómeno posmoderno. La teología como ciencia no puede apartarse de la filosofía y hacia los años 60s el Estructuralismo que ya empezaba a imponerse en las aulas de las universidades francesas hizo eco en las interpretaciones bíblicas. El Estructuralismo no desechaba el contexto histórico del Texto sino intentaba ir más a fondo, es decir, los estructuralistas pensaban que entre el lenguaje utilizado en un texto y el aspecto literario debía existir una relación. Era menester entonces empezar a estudiar la relación que existía entre el lenguaje literario y la intensionalidad del autor.

Existe una delgada línea entre el Estructuralismo y el posestructuralismo. Sin embargo, hay algunas marcadas diferencias entre los dos modelos. El Estructuralismo hace énfasis en el lenguaje literario, la crítica retórica y la crítica de la composición. Además un aspecto importante de este sistema es que buscaba en los textos un Arquetipo Crítico, es decir, un modelo que sirviera como unidad de las que podrían servirse unidades más pequeñas. En el contexto bíblico podríamos dar como ejemplo las “perícopas” usadas por los escritores de los evangelios. En este tenor, el posestructuralismo no opta tanto por la perspectiva del autor de un texto, sino pone el acento en la respuesta del lector. La teoría de la respuesta del lector es un desarrollo posmoderno, aquí el significado no está fijado por el texto, el significado depende del contexto cultural en dónde se mueva el lector, la interpretación está sujeta al punto de vista del lector.

La academia a visto con buenos ojos los enfoques de la crítica literaria. Demás esta decir que en círculos conservadores está perspectiva no ha sido bien recibida porque supuestamente demerita el Texto bíblico, poniendo de lado su inspiración y su autoridad.

Sin embargo, como opción a la crítica literaria, teólogos como Brevard Childs han adoptado un punto de vista Canónico para el estudio de la Escritura. El acercamiento Canónico examina las relaciones mutuas entre los textos bíblicos y las comunidades de fe que transmitieron esos textos y las comunidades de fe a las que van dirigidos esos textos. Una vez más, este tipo de acercamiento no ha sido bien recibido en la mayoría de las comunidades de fe, su rechazo se debe a su relación con el posmodernismo.

El problema con el acercamiento Canónico es que supone que el canon de la Escritura a sido cerrado. Karl Barth hizo alusión a este dilema en el primer volumen de su Dogmática Eclesiástica al mencionar que no podíamos cerrar el canon todavía ya que en el futuro podíamos encontrar nuevos hallazgos textuales. Por el contrario, el mayor beneficio que brinda la Crítica Canónica es que termina con la fragmentación histórico-crítica del testimonio bíblico, nos ayuda a tener un panorama general de la Biblia, nos brinda unidad teológica si y solo si suponemos que el canon se ha cerrado. La perspectiva canónica es a la vez liberal y conservadora, esto supone un equilibrio para el teólogo o exegeta.

Conclusión

Jhon Shelby Spong dijo que a pesar de ser liberal amaba la Biblia. Con mucha frecuencia se nos a atacado a nosotros los liberales de traicionar los altos ideales de la inspiración. En está serie de entradas dimos un repaso rápido a las principales corrientes o acercamientos que desde hace tres siglos trajo la historia. Es necesario hacer notar que tales acercamientos pertenecen a la tradición crítica del Cristianismo. Me parece que el Cristianismo sigue atrapado en una rancia visión del liberalismo, una visión que impuso la escuela conservadora con Machen a la cabeza en el siglo XX y con Van Til siguiéndolo. Cuando haces una crítica cuidadosa y meticulosa de algo o alguien estas mostrando respeto por el objeto que estudias, esto supone además un gran cuidado y paciencia para entender las implicaciones prácticas que el objeto de estudio traerá para tu vida, por esa razón tanto liberales como algunos conservadores aceptamos leer críticamente el Texto bíblico aunque nuestra conclusiones sean diferentes.

Después de todo, alguien tiene que hacer el trabajo sucio, ¿no es así?






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