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Buscando la Paz: Una Manera No Dogmática de Deconstruir el Cristianismo


Soy un cuerpo, no tengo un cuerpo.

Michel Onfray

Atributos y doctrinas para explicar a Dios expresadas en el marco del positivismo científico han brindado un estatus de superioridad intelectual al cristianismo. La metafísica Occidental ha sido el común denominador de la historia cristiana. Sin embargo, cuando leemos los relatos de la vida de Jesús a la luz de la experiencia que tuvo con otros seres humanos, esas categorías metafísicas dejan de ser el argumento principal para dar paso a un Dios que se relaciona con su creación en términos de existencia. ¿Puede un Dios omnipresente, omnisciente y omnipotente a pesar de estar expresado en lenguaje humano tener relación con sus creaturas?

Cuando leo los evangelios veo a Jesús como a un hombre preocupado por el dolor causado por la muerte y la enfermedad más que aun Dios-hombre preocupado por el destino eterno de los seres humanos. Jesús era el tipo de predicador que inter-actuaba con su creación en un nivel muy básico, sus parábolas y relatos estaban enraizados en la vida del campesino común de Israel. A Jesús le preocupaba la no retribución, la paz, la fraternidad. A Jesús no le interesaba el poder embriagante de ser dios. Ya sé que mucho de lo que digo suena a liberalismo clásico, pero bien entendido, lo que proponemos es la deconstrucción de ese liberalismo que surgió en el siglo XX.

Hace un par de semanas pude conversar con Michael Hardin. Michael es un teólogo que lleva bregando en el desierto de la teología más de cuarenta años, y digo desierto porque las condiciones en que él se ha desenvuelto son una metáfora apropiada para describir su perspectiva teológica. Muy amablemente Hardin nos obsequió algunos de sus libros. Uno de ellos, y del qué estaré hablando en las próximas semanas son “sus catorce lecciones” escrito para su grupo de Facebook. Michael es un Barthiano que ha deconstruido mucho de lo dicho por Karl Barth, además es un Girardiano porque su teología está basada en la obra del antropólogo francés René Girard. Nuestra propuesta será ir hablando de esas catorces lecciones que de alguna manera nos enseñan sobre cómo está estructurada su teología.

El interés de Hardin por la historia de la Iglesia y los estudios teológicos va más allá de un mero revisionismo histórico y/o teológico que pretenda mantener dogmas para nuestra época. El propósito de Hardin es traer la buena nueva del Evangelio de Jesús a un mundo posmoderno que ha perdido la brújula de su razón de ser, para realizar esta tarea, Hardin se sirve de los puentes interdisciplinarios que unen a las ciencias bíblicas con la deconstrucción filosófica y gramatical propuesta por Jacques Derrida.

Hacer teología, es emprender un viaje. En nuestro caso, por la dificultad de la propuesta, la metáfora a utilizar es el desierto. Podríamos imaginar el desierto de la incertidumbre, incluso el caos. Pero, primero tendríamos que preguntarnos ¿se puede hacer teología en la posmodernidad? Y sí se puede ¿de qué modo lo haríamos?

¿Cuál sería entonces nuestro destino? ¿A dónde queremos llegar? El reto sería no perdernos en el laberinto de las ideas. Implica tener una ruta con los puntos que nos guiaran por el intricado desierto del posmodernismo. En cada parada que hagamos, deberá haber un espacio para la reflexión, para la crítica inmanente que surja de todo el proceso. Así entonces, contaremos con cuatro puntos o paradas de descanso que nos ayudaran a delimitar nuestro estudio teológico. Nosotros somos simples guías, pero el lector deberá llegar a sus propias conclusiones, de eso se trata hacer teología. 

Hardin propone como nuestro primer punto de anclaje, los relatos de la Pasión de Jesús. En alguna ocasión él teólogo T. F. Torrance dijo: “Dios no está detrás de la espalda de Jesús”. Es decir, la revelación del Padre empieza con la vida de Jesús, al ver a Dios en la vida y obra de Jesús podemos librarnos del dios de la metafísica platónica, tal dios intenta arreglar solamente los problemas del mundo, pero si no nos invita a vivir una ética cristiana y un discipulado que tenga repercusiones para esté mundo, la comunidad, entonces habría que abandonarlo. Dios en Jesús tiene una comunidad de seguidores, estos, aunque perseguidos, deberán optar por el perdón y la misericordia.

La segunda parada según Hardin, se encuentra en la historia del cristianismo. Específicamente en Nicea. Conocer el credo de Nicea no nos hace más Ortodoxos, ni tampoco nos hace automáticamente Trinitarios. Lo que importa es el ministerio de Jesús. Cuando preguntamos “cómo” vivir una vida cristiana, la fuerza de la respuesta debería llevarnos a cuestionarnos también el “quién”. Es decir, si bien Nicea declara que Jesús es Dios y explica en términos metafísicos la cuestión, para nosotros es igual de importante saber “quién” es Jesús para nosotros hoy, como Boheffer lo explicó. La cuestión del “quien” trata de la relación, y le da sentido al cómo en el tiempo y la eternidad, la carne y el espíritu, la vida y la muerte. Estos opuestos binarios son los conceptos que intentamos deconstruir para tener un evangelio más real.

Nuestra ante penúltima parada trata sobre la teoría mimética de René Girard. En la medida que avancemos en nuestras lecciones, iremos explicando quién y qué hizo Girard. La perspectiva antropológica de Girad es una invitación a la reflexión sobre el rechazo que la teología ha hecho de las ciencias humanas. Una vez más, Hardin utiliza el concepto de Bonhoeffer cuando este concibió el término de, “positivismo revelacional”. El positivismo revelacional busca encontrar el conocimiento de lo divino fuera del saber racional, alegando que la revelación de Dios por 2000 años ha estado localizada en los credos, los concilios, el papado, la tradición, la Biblia o la historia, pero desde una interpretación unidireccional. 

Por último, y para salir del desierto que nos ha impuesto el cristianismo histórico, es necesario saber que las ciencias físicas son un correctivo para la antropología metafísica que hemos heredado de la filosofía. En otras palabras, no solo es la crítica hecha por Derrida y los Deconstruccionistas sino también es el resultado de las ciencias cognoscitivas y la paleo-antropología las que juegan un rol al ayudarnos a entender lo que significa ser humanos, la pregunta sería entonces, ¿cómo hacemos para poder decirnos “humanos”?

No sabemos si podremos llegar a conclusiones firmes y detalladas mientras no mantengamos el rumbo. Mantener el rumbo significa corregir la imagen del ser humano, para corregir esa imagen es necesario corregir los relatos del Jesús histórico. Y solo la investigación interdisciplinaria del “Jesús histórico” podrá mantenernos en nuestro viaje.

 





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