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Karl Barth En Sus Textos



Introducción: La Revelación Cristológica

El nombre de Karl Barth es un referente para la teología Cristiana. En un sentido amplio, son pocos los Cristianos que no conocen el nombre de Barth. Para un sector del Cristianismo Protestante Barth es un héroe, para otro sector, el conservador, el nombre de Barth se asocia al concepto de herejía. ¿Quién tiene la razón? ¿Es Barth un santo que debería ser elevado a la categoría de padre de la Iglesia? O ¿Es un liberal que debería ser ex comulgado por las herejías que escribió?

Sin ánimo de hacer apología, nuestra intención (como ya lo hicimos con Rudolph Bultmann), es ir estudiando a Barth en sus propios textos. Por desgracia, para el cristiano de habla hispana el material que se encuentra traducido de Barth es muy poco y gran parte se encuentra en el medio académico. Además, su Magnus Opus “la Dogmática Eclesiástica” que consta de doce gruesos volúmenes tampoco está traducida al español, si a eso le sumamos el rechazo de la teología de Barth por parte de la mayoría de las iglesias en América Latina, el cuadro es prácticamente desolador.

Así que, nuestra intención será ir publicando entradas muy cortas sobre la teología de Barth. Para lograr nuestro objetivo seguiremos las lecciones del teólogo holandés Klass Runia tomadas de su libro Karl Barth and the Word of God (Karl Barth y la Palabra de Dios). Runia obtuvo un doctorado en 1955 con la disertación sobre el concepto del tiempo en Barth. Además, estudió en la Universidad Libre de Ámsterdam, y enseño teología sistemática y teología práctica. Murió el 14 de Octubre de 2006.

La Centralidad de la Cristología en Barth.

Podríamos empezar por agrupar los tres grandes temas de la teología Barthiana en el concepto de Doctrina de la Palabra de Dios. Está Doctrina comprende la Cristología, la doctrina de la Escritura y la Predicación.

Es necesario hacer notar que para Barth la doctrina de la Palabra de Dios nunca fue un mero ejercicio académico o teológico. Su doctrina nació de la necesidad de su ministerio, el pastoral, es decir, predicar la Palabra de Dios.

Hacia 1911, Barth llegó a Safenwil, en Suiza. Ahí sirvió como pastor, está tarea demandaba que predicara por lo menos dos veces los domingos.  Barth reflexionó sobre el asunto y se preguntaba ¿sobre qué predicar? Y pensaba:

“nuestra teología no está conformada por el resultado de nuestro deseo de formar una escuela o crear un sistema; se levanta de “la necesidad y la promesa de la predicación Cristiana... Por doces años he sido ministro. Tengo una teología propia. Realmente no es mía, de eso estoy seguro, sino de mi inolvidable profesor Willhelm Herrmann, injertado sobre los principios que yo aprendí, menos conscientemente, en el seno familiar – los principios de aquellas Iglesias Reformadas a las que aún represento... Una vez en el ministerio, me encontré lejos de esos hábitos teológicos y fui forzado a volver cada vez más y más sobre el problema específico del ministerio, el sermón”.

Los maestros liberales de Barth no eran de mucha ayuda. Ellos tenían ideas humanas sobre Dios, pero no de la revelación. Desde Schleiermacher – y todos los grandes teólogos del siglo XIX que le siguieron de una forma u otra: Ritschl, Hermann, Harnack, Troeltsch, etc. - la revelación de Dios por Dios Mismo fue intercambiada por el descubrimiento de Dios por el Hombre. Esto significa que no hay mensaje de Dios, sino de hombres piadosos hablando sobre ellos mismos.

Al mismo tiempo Barth descubrió que la Ortodoxia, la teología que procede del liberalismo, tampoco podría ayudarlo. En la Ortodoxia la revelación estaba congelada en un sistema de verdades sobre Dios. En la Ortodoxia el hombre posee la verdad de Dios. Especialmente la teoría de la inspiración verbal muestra que la teología de la Ortodoxia es un fin muerto. El hombre tiene la revelación de Dios, puede disponer de ella y volverla un sistema.

Pero ¿qué hay de los Reformadores?

Barth estaba convencido de que su teología era mucho mejor y que deberíamos escuchar atentamente lo que tienen que decir. El punto de partida es: la revelación. La revelación es siempre la revelación de Dios hecha por Dios mismo. La revelación no es humana, sino una posibilidad divina. Dios es el sujeto y el objeto de la revelación. Inclusive, aunque la revelación llegue a nosotros por medio de palabras de hombres, no son eso hombres los reveladores, sino Dios Mismo revelándose a Si Mismo por medio del hombre.

Desde este punto de partida Barth desarrolla toda su teología, partiendo de una triple distinción en la Palabra de Dios, es decir, la Palabra de Dios como revelada, tal como fue escrita y proclamada. La forma básica y primaria de la Palabra de Dios para los hombres es Jesucristo mismo. En el más estricto sentido del término Él es la Palabra de Dios. La segunda forma de la Palabra de Dios es la Sagrada Escritura. Es el testimonio de Profetas y apóstoles a la primera palabra en Jesucristo. La tercera forma es la proclamación de la Palabra de Dios hecha por la Iglesia por medio de la predicación y en los sacramentos.

De este modo, Barth encontró un camino intermedio para la exposición de su doctrina, la de la Palabra de Dios; ni la teología liberal ni la Ortodoxia le dieron el empuje necesario para desarrollarse. Su punto de partida fue una forma tripartita de la revelación: Jesucristo, la Biblia y el anuncio del Evangelio.

Hemos decidido empezar con la primera forma de la palabra de Dios: Jesucristo, por sus implicaciones Cristológicas.

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