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Ni Resurrección, Ni Pascua... Lección 3



Michael Hardin

Lección 1. Intenté argumentar que comenzar con una teología de la cruz borra todos los conceptos de Dios.

Lección 2. Busqué argumentar que la revelación es, antes que nada, acerca de nosotros (es antropológica). Mostré que somos una especie que usa la violencia sagrada. Por lo tanto, todas nuestras teologías están orientadas de alguna manera a esta hermenéutica de sed de sangre.

El cristianismo en el período post apostólico tomo dos cursos. El primero, el Cristianismo de la la Iglesia de Jerusalén que hasta ese momento estaba orientada todavía hacia el Templo y por lo tanto también a una teoría de la violencia sagrada que incluía la venganza divina. Podemos apreciar esta marca en la literatura como: el Evangelio de Mateo y el Apocalipsis de Juan. Está fue una estrategia hermenéutica por parte de los canonizadores para mantener el Nuevo Testamento orientado al sacrificio utilizando los dos documentos citados, debido a ello la Cristiandad quedo atrapada en la matriz sacrificial de la religión desde entonces. Mateo y Apocalipsis son textos mezclados en los que uno oye tanto el Evangelio como el acercamiento celoso a la "revelación" o Tora. También incluyó aquellos textos del NT que parecen no haber podido encontrar el camino para salir de la violencia sagrada, las Pastorales, Santiago, las Petrinas y hasta cierto punto la epistola a los Hebreos.

Por otra parte, están los extraordinarios textos del apóstol Pablo y el escritor del cuarto Evangelio, así como también los escritores de los Evangelios de Lucas y Marcos. Estos textos son muy claros sobre el papel de la Torá, la violencia sagrada y la relación que Jesús tuvo con estos textos la cual está controlada por tal hermenéutica. Incluso podemos rastrear el viaje de Pablo desde Jerusalén orientado hacia 1 y 2 de Tesalonicenses (sus primeras cartas escritas en 41 E. C., según el trabajo más reciente de Campbell, enmarcando a Pablo) hasta su posterior rechazo de ese enfoque en sus otras cartas.

Por lo tanto, al igual que las Escrituras judías, también el Nuevo Testamento es un "texto en transición" (Girard). No es que el NT suplante al AT, o que la iglesia reemplace a Israel, sino tanto Israel como la Iglesia llevan consigo las semillas de la violencia sagrada y las semillas más poderosas de la revelación de Dios que expone la violencia sagrada como el problema y ofrece una alternativa en la vida de Jesucristo (y con esto estamos a diez lecciones por delante). Por ahora solo necesitamos reconocer que el Evangelio deconstruye primero nuestro enfoque de los textos e interpretaciones sagradas (el “¿Por qué" en "¿por qué me persigues?"), se convierte en (el "tú" en "¿por qué me persigues?") Pero ese lenguaje revela, no a Dios, sino a nuestra tendencia a ser perseguidores, asesinos, marginales, crucificadores, enemigos y malhechores (el "perseguir" en "¿por qué me persigues?"). Al final revela que es Dios a quién hemos matado (el "yo" en "¿por qué me persigues?"), y esto sucede al identificar al “mi" (Dios) con la víctima humana inocente Esteban (Hechos 7). Solo después de esta larga deconstrucción puede surgir la pregunta sobre la redefinición de la divinidad ("¿Quién eres tu Señor?").

La revelación en el Evangelio no comienza con información acerca de Dios, sino con información sobre la humanidad. A diferencia de la corriente principal del Cristianismo sacrificial que intenta comenzar su teoría de la revelación con información sobre Dios, el Cristianismo no sacrificial comienza con el reconocimiento de que no podemos comenzar allí, porque si comenzamos allí, con
la revelación como una teoría acerca de Dios, solo terminaremos moldeando esa revelación para que se ajuste a nuestras modalidades de sacrificio. Somos inherentemente idólatras. No importa cuán buenos pretendamos ser, no importa cuánto reclamemos ver y escuchar claramente, no importa cómo o qué reclamemos de divino en la revelación, solo terminaremos creando una ficción, y esto
es lo que ocurrió en la teología del sacrificio de la iglesia primitiva orientada hacia el Templo y la escatología Judía retributiva. El Jesús post-pascual de Hechos alude a esto cuando en respuesta a la pregunta "Señor, en este momento ¿Tú restauras a Israel? "él no responde con un" Sí "o un" No "sino con un" Espera ". Espera hasta que el Espíritu venga a ti, espera hasta que pueda comenzar el proceso de transformación en sus corazones y sus mentes. Espera.

La revelación no puede ser entendida. Solo se espera y cuando llega, está fuera de nuestro contexto teológico, modos de pensar, marcos de trabajo y cosmovisiones que solo pueden percibirse como una luz cegadora. Kierkegaard dijo “El misticismo no tiene la paciencia de esperar la revelación de Dios". La revelación no nos muestra a Dios, nos detiene viendo algo en absoluto. Nos despoja de todas las pretensiones teológicas y pretende conocer a Dios. Nos reduce a nuestro estado primario, el de la mafia cazando y persiguiendo a la víctima solitaria. Por lo tanto el Calvario; el Calvario lo es todo.

[La Narración de la Pasión está estructurada de manera idéntica al mito como lo ha demostrado Girard. Los mitos esconden a sus víctimas, el Calvario los revela. Ambos comparten cuatro elementos estructurales o lo que Girard llama estereotipos: “una pérdida generalizada de diferencias (el primer estereotipo), crímenes que “eliminan las diferencias" (el segundo estereotipo) y sí los autores de estos crímenes poseen las marcas que sugieren una víctima, son las marcas paradójicas de la ausencia de diferencia (el tercer estereotipo).” La violencia es el cuarto estereotipo. (Esto se vuelve esencial al enmarcar un enfoque hermenéutico de los textos y lectura de todos los textos coherentemente o de la misma manera)].

La revelación es realista; comienza con la forma en que son las cosas. No comienza con la forma en que deberían ser las cosas. Es decir, ni es Platónico o idealista. El Evangelio reconoce nuestra propensión a hacer dioses a nuestra imagen y semejanza, pero primero debe exponer nuestra idolatría antes de que pueda mostrarnos "el punto de vista de Dios". Es por eso que no debemos apresurarnos a la resurrección y la Pascua, sino debemos esperar ... esperar en el Aposento Alto ... esperar hasta que lleguemos a la casa de Ananías. Cuando encontramos lo divino, no hay sobresaltos, solo espera ... hasta que nuestros ojos se curen para ver.



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