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Karl Barth En Sus Textos (Cuarta Parte)

¿Testigos humanos y falibles?


Nuestra siguiente pregunta es: ¿Cuáles son las implicaciones del énfasis de Barth sobre el carácter de la Biblia como testigo? Como hemos visto, Barth distingue entre el «Deus dixit» y el “Paulus dixit”1.

Por lo tanto, lo primero que debemos decir es que la Biblia es completamente humana. En sí misma no es más que un documento histórico que narra la vida de Israel y de la comunidad judeocristiana posterior que evolucionó de Israel. En sí misma no es divina en absoluto. Precisamente es aquí dónde  encontramos la gran, diferencia esencial con la persona de Jesucristo. En él hay una unión personal entre la naturaleza divina y humana. Pero en el caso de los escritores de la Biblia no hay tal unidad. Eran completamente humanos y su producto también es completamente humano.

Barth, sin embargo, da un paso más. La Biblia no es solamente humana, sino también es falible. “Los profetas y apóstoles" como tal, incluso en su oficio, incluso en su función como testigos, incluso en el acto de registrar su testimonio, eran hombres reales, eran hombres históricos como nosotros, y por lo tanto pecadores en su caminar, capaces y culpables realmente de cometer errores a la hora de hablar y escribir palabras. Como evidencia, Barth menciona los siguientes puntos: (1) la cosmovisión bíblica y la perspectiva del hombre, definitivamente no son correctas, (2) la comprensión de la historia por parte de los escritores, a menudo es defectuosa, (3) las superposiciones y contradicciones, incluso en lo religioso o el contenido teológico.  Todo esto deja bastante claro que Barth no tiene objeciones contra la “alta crítica". De hecho, más de una vez la ha defendido abierta y explícitamente.

¿Qué diremos de estas implicaciones sobre el carácter de la Biblia como testigo? En lo sucesivo, será evidente que ya no podremos y no existe objeción alguna contra el énfasis de la completa humanidad de la Escritura. De hecho, esto siempre se ha reconocido entre la gran mayoría de los académicos conservadores. El Espíritu Santo definitivamente no usó a los escritores de la Biblia como un tipo de flauta o, para usar terminología moderna, como máquina de escribir. En otras palabras, rechazamos completamente cualquier concepción mecánica de la inspiración. La mayoría de los académicos conservadores incluso van más lejos y están dispuestos a admitir que esta completa humanidad de la Biblia también implica un tipo de limitación. En su Homilía sobre Juan 1:1 Agustín dijo: “¿Quién puede? Hablar de la cuestión realmente, me atrevo a decir, mis hermanos, que tal vez el propio Juan no habló del asunto tal como es, sino como pudo, porque él era el hombre que habló de Dios, inspirado ciertamente por Dios, pero seguía siendo hombre. Porque debido a que era inspirado, dijo algo, si no hubiera sido inspirado, no habría dicho nada, pero como hombre inspirado, tampoco habló de todo, sino sólo de lo que un hombre podría, (quod potuit homo dixit). En esta misma conexión, Calvino solía hablar de 'accomodatio Dei' (capacidad divina). En uno de sus escritos dice: “Recordemos, por tanto, que nuestro Señor no ha hablado de acuerdo a Su naturaleza. Porque sí él hubiera hablado su (propio) idioma, ¿hubiera sido entendido por seres mortales? Por desgracia, no. Pero, ¿cómo nos ha hablado en la Sagrada Escritura? Él ha tartamudeado... Entonces Dios habló como si se hubiera resignado: por mucho que no comprendieramos lo que Él diría. Si no tuviera amor por nosotros. Hay algo de razón cuándo en las Sagradas Escrituras concibe a Dios como si fuera una enfermera más de lo que uno escucha de su alta e infinita majestad. Los teólogos conservadores siempre vieron aquí un paralelo con la Cristología. Como el Logos se convirtió en “sarx”, carne real, en el sentido de la naturaleza debilitada de Adán después de la Caída (pero sin pecado), así también la Biblia es real y completamente humana.
¿Pero esto también implica fabilidad? La teología conservadora siempre ha rechazado esto y en mi opinión es correcto. Tal rechazo ya está implícito en el paralelo con la Cristología, un paralelo que también es aceptado por Barth. Herman Bavinck, por ejemplo, escribe en su Dogmática Reformada: “También en las Sagradas Escrituras debemos reconocer la débil y humilde, forma del sirviente. Pero  igual que la naturaleza humana en Cristo, por débil y humilde que fuera, era libre de todo pecado, así también la Sagrada Escritura se concibe sin mancha (sine labe concepta)”.

Personalmente, no encuentro la prueba de Barth sobre la fabilidad de la Escritura muy convincente.

(1) La visión bíblica del mundo y del hombre. Es, por supuesto, un hecho innegable que en la Biblia encontramos la antigua, la ancestral cosmovisión del mundo (tripartición del universo, las “cuatro esquinas de la tierra”, etc.). Lo mismo es cierto sobre la cosmovisión del hombre, en cuanto a sus aspectos biológicos y psicológicos se refiere. Cuando los riñones, y también los intestinos, se ven como el asiento de emociones y las simpatías más profundas, y el corazón como el asiento de la mente, nos enfrentamos con la cosmovisión semítica antigua. Pero ~ ¿esto significa fabilidad? ¿No depende esto de la pregunta si la Biblia quiere enseñar asuntos como la verdad divina? Es bastante evidente; sin embargo, que esto no es en absoluto la intención de la Biblia.  Esta visión del mundo (y lo mismo es cierto para la antropología primitiva) es solo la forma en que se transmitió el mensaje a la gente de esos días. ¡Incluso el Señor mismo lo usa en el segundo mandamiento! Pero en ningún caso es parte del mensaje mismo.

(2) La comprensión de la historia por parte de los escritores. Una vez más debemos admitir que en muchos aspectos su entendimiento de la historia fue bastante diferente de la de los historiadores modernos. Con el propósito de evidenciarlo, Barth introduce el concepto de saga. Definitivamente, este no es un concepto fácil de definir. Puede ser fácilmente incomprendido y confundirse con otro
concepto ~ que es bastante popular en la teología moderna, es decir, mito. Barth, sin embargo, rechaza la idea de mito. Un mito no tiene nada que ver con un evento histórico. No es nada más que una cierta verdad, filosófica o teológica, que está vestido con ropaje de un evento histórico que en realidad nunca tuvo lugar. Tomemos, por ejemplo, las presentes interpretaciones existenciales de la historia de la Caída. En realidad, por supuesto, nunca hubo una Caída. Desde sus principios (evolutivos) el hombre ha sido siempre un pecador. Esa es su misma esencia y existencia, aunque Dios no quiero que el hombre sea así. Para expresar esto, la Biblia nos cuenta la historia de la Caída. Esta no es definitivamente la concepción de Barth. Saga, en la teología de Barth, es bastante diferente. Se trata de la historia. Nos refiere a un verdadero evento histórico. Pero, y esta es la razón por la cual se usa la  forma de la saga, hay algunos eventos que no pueden expresarse adecuadamente en palabras e imágenes humanas. Esto es verdad para muchos eventos narrados en la Biblia. En muchos de estos eventos bíblicos tenemos que mirar los actos de Dios, que naturalmente, no puede expresarse en palabras humanas ordinarias. Algunos de los eventos incluso son puramente divinos, como la creación del mundo y la resurrección de Jesucristo. Resumiendo su propia visión Barth dice: “Para decirlo con cautela, la Biblia contiene muy poca 'historia' pura y poca saga pura, y poco de ambas que puedan ser reconocidas inequívocamente como una u otra. Los dos elementos suelen mezclarse. En la Biblia generalmente tenemos que contar tanto la historia como con la saga".

No hay duda de que el concepto de saga es mucho mejor y, para los académicos conservadores, mucho más aceptable que la concepción de mito de Bultmann. En la saga de Barth vemos una clara conciencia de la naturaleza histórica de la fe Cristiana, y se hace un serio intento para salvaguardar la realidad de la historia de la salvación. Uno puede aplicarlo, por ejemplo, a la historia de la Caída, explicar sus características individuales como 'sagenhaft' (legendario) y mantener así la completa historicidad de la Caída (que, por cierto, el propio Barth no parece hacerlo). Sin embargo, hay algunos aspectos importantes, que parece excluir la aplicación del término 'saga' a la historia bíblica. Primero, la Biblia en sí no da la impresión de hablar en forma de saga o leyenda. Es cierto que a menudo describe las cuestiones de una manera diferente a lo que estamos acostumbrados en nuestros días, pero este hecho
aún no nos da el derecho de hablar de una saga. Además, la palabra 'saga' está demasiada contaminada. Normalmente lleva la connotación de ser poética y, por lo tanto, “irreal”. Finalmente, incluso cuando se usa en bonam partem el término parece derogar la verdadera naturaleza histórica de la narración bíblica. Uno puede preguntar aquí: ¿Qué queda del hecho mismo cuando su descripción
es solo una cuestión de poesía? ¿No es como un esqueleto sin carne? Pero, ¿quién reconocería a la persona? ¿a quién pertenecía el esqueleto? En otras palabras, ¿un hecho no deja de ser hecho particular cuando su accidentia es separada? ¿Tal hecho no es abstracción pura?

No negamos, por supuesto, que en la Biblia encontramos un tipo especial de historiografía. La Biblia nunca está interesada en hechos 'desnudos', sino siempre nos da hechos con interpretación. Siempre establece los hechos en un marco de interpretación. Esto explica, por ejemplo, muchas de las diferencias entre Samuel y Reyes, por un lado, y Crónicas, por el otro. El autor de Crónicas se acerca al material desde un punto de vista diferente, a saber, el del sacerdote. Pero todo esto no tiene nada que ver con la saga. Los autores de ambos nos muestran los hechos reales con su accidentia. Todo lo que sucede es que colocan los hechos en un contexto especial y por lo tanto les da un énfasis especial. Se podría llamar a esto una historiografía 'profética', pero esta calificación nada tiene que ver con la fabilidad.

(3) Las superposiciones y contradicciones, también en el contenido religioso y teológico. En este punto, Barth no da ejemplos específicos. Él solo menciona de una manera muy general la relación entre los sinópticos y Juan, entre Pablo y Jacobo. Personalmente no creemos que sea correcto hablar aquí de contradicciones y superposiciones. Prefiero hablar de diferentes énfasis, diferentes enfoques,
diferentes contextos, que, por supuesto, son bastante diferentes al hablar de contradicciones.

1 Dios ha dicho y Pablo ha dicho.

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