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Karl Barth En Sus Textos (Final)




'Convirtiéndose' en Palabra de Dios.

¿Cómo puede ser posible que Dios hable en y por medio de lenguaje humano? La respuesta de Barth es: “esto es posible a través del acto de Dios mismo, por medio del Espíritu Santo. Aquí nos volvemos a encontrar con el 'ubi et quando visum est Deo', Barth cita desde la Primera Confesión Helvética (1536), art. 15: “Por lo tanto, creemos que los ministros de la Iglesia son co-ayudantes de Dios, de la misma forma en que San Pablo dice... con el entendimiento de que en todas las cosas nos adherimos a la eficacia y poder de Dios, solo el Señor es quien imparte ese poder al ministro. Es cierto que este poder y eficacia no podría ni debería ser atribuido al hombre, solo Dios dispone a aquellos que elige por su libre voluntad”.

La idea de que la proclamación de la Iglesia debe convertirse en Palabra de Dios siempre está en el pensamiento de Barth. Hablando sobre la Palabra de Dios como Predicación él comienza con la siguiente declaración: “En efecto el tiempo y de nuevo la proclamación deben convertirse en proclamación”, “después hay que apuntar al sacramento que debe sufrir la misma aplicación.” “Lo que mantiene a la proclamación y a la Iglesia en general no puede estar mejor representado que por el sacramento”.

Esté “volverse”, esté “evento”, es en estricto sentido la Palabra de Dios. Barth lo llama milagro. Pero agrega que debemos entender este milagro apropiadamente. Este milagro no significa que la palabra humana desaparezca repentinamente y habrá camino a lo nuevo, que la Palabra divina llegue a la existencia, sino que el milagro esta en y a través de las palabras humanas dónde Dios habla su propia Palabra. Está última expresión debe tomarse totalmente en serio. Es de hecho nada más ni nada menos que la propia palabra de Dios. En esta conexión expresa su total acuerdo con los Reformadores quienes usan palabras muy duras en este punto.

Cuándo Barth enfatiza este “volverse” Palabra de Dios, deberíamos evitar dos malas concepciones. En primer lugar, él no quiere decir que en la predicación exista algún tipo de transustanciación. En su CD IV/3 explicitamente rechaza esta idea. Las palabras humanas son totalmente humanas. No pierden su carácter secular o están sometidas a cualquier transformación interna, sino requieren una función y capacidad que no han experimentado antes. En segundo lugar, Barth no está diciendo que no tengamos que hacer nuestro máximo esfuerzo. Por el contrario, la dogmática Cristiana encuentra su tarea en este punto. Es nuestro deber transmitir el mensaje de la Escritura de la forma más pura posible. La dogmática tiene que ver con el contenido de la predicación de la Iglesia y es una cuestión central al acuerdo entre la predicación y la revelación atestiguado en la Escritura.

Al mismo tiempo, sin embargo, debemos decir que por más pura que sea nuestra predicación tal vez no este a nuestro alcance poder hacerla Palabra de Dios. Sigue siendo un milagro que Dios mismo debe seguir haciendo. Sí, en última instancia también debemos decir que la pureza de la doctrina es un 'evento'. “La pureza doctrinal no es idéntica con ningún texto existente - ya sea una fórmula teológica - o un sistema teológico específico, o el credo de la Iglesia, o incluso el texto mismo de la Biblia. La doctrina pura es un evento". Es “el evento de la gracia de la Palabra de Dios y de la obediencia a la fe creada por esta gracia. Es un regalo divino".

Desde nuestro punto de vista humano no podemos ir más allá de una “identidad indirecta” entre nuestra predicación y la Palabra de Dios. Se vuelve una cuestión de “identidad directa” sólo en el momento o la hora del 'ubi et quando visum est Deo'. Aquí encontramos la diferencia entre la Palabra Encarnada de Dios, por un lado, y la Palabra escrita y predicada de Dios, por el otro. El 'ubi et quando' no aplica a la Palabra encarnada. Sólo cuando Dios quiera usar esas palabras humanas como vehículo de su Palabra divina, realmente se convierten en Palabra de Dios. Pero en ese caso, son de hecho y completamente la Palabra de Dios. En ese caso ya no hay diferencia real entre la revelación y Biblia, y entre la revelación y predicación. En ese caso tenemos que hacer 'realmente y verdaderamente integral la Palabra de Dios, con Dios mismo, con Jesucristo a través de el Espíritu Santo" y esto como tal “es creído por aquellos a quienes habla y quienes escuchan".

Desafortunadamente debemos detener nuestra exposición de la perspectiva de Barth aquí. Como todos ustedes se darán cuenta, solo hemos hecho un breve resumen. Creemos que se han mencionado los puntos principales. Sí queremos hacer una evaluación de lo propuesto, tendríamos que mirar desde diferentes ángulos para poder entender el pensamiento de Barth. Sugiero entonces, amable lector que lo dicho en esta serie de entradas se revise bajo la lupa de la teología sistemática, en primera instancia y en segundo lugar, desde la teología práctica.

Pero esa será su labor, cualquiera que sea su punto de vista o confesión doctrinal. ¿Estaría dispuesto a hacer un análisis de lo propuesto por Barth?

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