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Jesús de Nazaret No Creía En La Inmortalidad Del Alma




Tanto Sócrates como Jesús se caracterizaron por vivir en referencia a una norma, modelo, ideal o principio que trascendía este mundo.1

Roger T. Ames


Dentro de la división en la tradición académica de los estudios bíblicos, hay una escuela que ha optado por seguir la tradición sinóptica iniciada precisamente por Jesús y no por materiales y fuentes ajenas como “Q” o “algún evangelio perdido”. Uno de los grandes teólogos de esta tradición, y hasta cierto punto olvidado es Oscar Cullmann. Cullman marcó a muchos teólogos que le siguieron, profundizando en las raíces judías de Jesús.

La batalla por las interpretaciones Jesuanas y las Paulinas del Cristianismo no ha terminado. Todavía sigue existiendo un debate por lo que dijo Jesús. Todavía el mundo Helenista y el Judío de la Biblia siguen queriendo encontrar el verdadero significado de las palabras de Jesús. Tal es el caso del tema de la muerte. Cullmann en su ensayo2 intenta demostrar que la filosofía Griega incrustada en el pensamiento de los primeros padres de la Iglesia y las palabras de Jesús tienen significados diferentes. Para demostrar su argumento, Cullmann hace una comparación entre el pensamiento de Sócrates, el filósofo Griego y Jesús el predicador Judío. Y aunque muchos son los autores que han mostrado las similitudes entre el pensamiento de Sócrates y Jesús, como Peter Kreeft, “Los seres humanos más influyentes que han vividido, son Sócrates y Jesús”3, “Aunque los tres sabían leer y escribir, tal vez en gran medida, ni Confucio, ni Jesús, ni Sócrates dejaron atrás ninguno de sus propios escritos.”4 “Por el contrario, Sócrates en su manera de vivir fue tan escandaloso como Jesús. De hecho, Sócrates y Jesús tenían mucho en común en su negativa a la retribución: su rechazo a la ley del talión.”5 o por último, “...fue acusado de blasfemia o, en fuentes judías posteriores, de ser un falso profeta y practicar magia. Ni Sócrates ni Jesús habrían muerto si su enseñanza no hubiera amenazado a hombres poderosos en sus respectivas ciudades. La situación de Jesús es más compleja ya que involucra dos procedimientos, una investigación de las autoridades judías ...”6, con respecto al tema de la muerte tenían opiniones total- mente diferentes.

Para el filósofo Griego, la muerte era la separación del alma y el cuerpo, como ya es conocido, el método mayestático de Sócrates siempre intentaba imponerse para esclarecer temas difíciles, Sócrates se pregunta en el Fedón, “Y no es esta liberación, ésta separación del alma y del cuerpo lo que se llama muerte? Ciertamente.” ¿Por qué la muerte era la separación del alma y el cuerpo? Porque según Sócrates el cuerpo atado a las bajas pasiones encadena al alma, que busca separarse de él para mantener su pureza, en otro pasaje del Fedón podemos apreciarlo: “Los filósofos que ven su alma unida verdaderamente y pegada a su cuerpo es forzada a considerar los objetos como a través de una prisión oscura y no por ella misma, comprenden bien que la fuerza de este lazo temporal consiste en las pasiones, que hacen que el alma encadenada a sí misma apriete más la cadena...”, “...y cuyas almas no han salido del cuerpo con toda su pureza” ¿Será por eso que en el último día de su vida Sócrates fue tan estoico? Sócrates pensaba que por fin su alma escaparía de su prisión, es decir, de su cuerpo. Al final pudo pronunciar las siguientes palabras: “Y todo este largo discurso que acabo de pronunciaros para probaros que en cuanto tome el veneno no estaré ya con vosotros, porque os dejaré para ir a disfrutar de la felicidad de los bienaventurados”. Sócrates encontró refugio en la muerte.

Siglos más tarde, un profeta de Galilea también se enfrentaba al dilema de la muerte, Jesús iba a hacer crucificado, iba a experimentar la muerte más terrible posible en medio del dolor físico y la angustia mental. Lucas nos dice que su sudor eran como “gotas de sangre”, que estaba angustiado en extremo porque para Jesús la muerte era un enemigo, porque la muerte tenía un gran poder maligno, la muerte era enemiga de Dios y no un escape a lo trascendente divino. La comunión entre Jesús y su Padre era al extremo tan poderosa que sabía que “mientras estuviera en poder de la muerte no estaría en las manos de Dios”. Jesús participaba al igual que todos los hombres de un miedo natural por la muerte, tan fue así que pidió a sus amigos que le acompañasen a pasar ese trago amargo.

Cullmann hace un retrato exacto de la escena: “Sócrates, rodeado por sus discípulos el día de su muerte, como Jesús, discute con ellos sobre la inmortalidad con una seriedad sublime; Jesús, que tiembla ya horas antes de su muerte, ruega a los discípulos que no lo dejen solo.” Hebreos resalta: Cristo, en los días de su carne”, es decir, en su completa humanidad, ofrece ruegos y súplicas con gran clamor y lágrimas al que le podía librar de la muerte” (Heb. 5:7). Y Culmann contrasta: “Tenemos por un lado a Sócrates que, con calma y serenidad, habla de la inmortalidad del alma; por otro, Jesús, que clama y llora”.

En la misma muerte de ambos personajes se abre “el abismo entre el pensamiento Griego y la fe Judía y Cristiana”. Cullman reflexiona: “Sócrates bebe con calma soberana la cicuta, mientras Jesús en la cruz grita, Dios mio, Dios mio, ¿por que me has abandonado?” La muerte en la cosmovisión Judía no es liberación ni alivio, no es amiga, por el contrario, es enemiga y Jesús debe abandonarse a ella. Jesús sabe que debe abandonarse a la nada, al oscuro sueño, al olvido del Seol, es decir, a la muerte. Sin embargo, esta muerte, la muerte de Jesús era necesaria, Jesús no podía vencer algo que no estuviera dispuesto a experimentarlo, la muerte para Jesús no era una abstracción. Cullmann asienta “La vida debe manar de la muerte, es necesario un nuevo acto creador de Dios que atraiga a la vida no solamente una parte del hombre sino el hombre entero, todo lo que Dios ha creado, todo lo que la muerte ha destruido”.

El Judaísmo tenía depositada su escatología, en la materia. Ellos creían en un reino material después de la intervención de Dios, en un cielo y una tierra nueva re-creada por Dios. La creación como acto total de Dios era de enorme importancia, por esa razón, sus profetas a diferencia de Sócrates y de Platón, confiaban en la necesidad de este acto creador. La materia y el cuerpo para los Griegos tenían que ser destruidos con el propósito de inmortalizar el alma. Para el Cristiano, “la muerte del cuerpo” debería significar la destrucción de la vida creada por Dios. La resurrección del cuerpo para la cosmovisión Cristiana implica “un nuevo acto creador”, significa que es “la muerte y no el cuerpo quien debe ser destruida”.

Cullmann concluye:

La fe en la inmortalidad del alma no es una fe en un acontecimiento que revolucione todo. La inmortalidad, en realidad, no es más que una afirmación negativa: el alma no muere (continua viviendo). La resurrección es una afirmación positiva: el hombre entero, que está realmente muerto, es llamado a la vida por un nuevo acto creador de Dios”. Es decir, la Resurrección de los hombres.


1Roger T. Ames, Thinking Through Confucius, State University Of New York Press, 1987
2Oscar Cullmann, ¿Inmortalidad del alma o resurrección de los muertos? The Epworth Press, 1958
3Peter Kreeft, I Burned for you Peace, Ignatius Press, 2016.
4Bryan W. Van Norden, From Confucius and the Analects:New Essays, Oxford University Press, 2002
5Yi-Fu Tuan, Escapism, Johns Hopkins University Press, 200
6Pheme Perkins, Introduction To The Synoptic Gospel, Eerdmans Publishing Company, 2009.

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