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Todos Los Comunistas Van Al Cielo



Hay que ligar nuestra crítica a la crítica política, a la participación política y consecuentemente a las luchas políticas. Ésta es la manera de enfrentar el mundo de un modo no doctrinario.

Carlos Marx

Debo admitir, que cierto morbo se apoderó de mí cuando leí el título de este ensayo. ¿Es posible que un comunista vaya al cielo? ¿Acaso los comunistas no son marcadamente ateos? Sin embargo, la segunda parte del título del ensayo empezó a aclarar mis dudas: “La construcción del Reino Marxista de Dios en la Tierra”. Aun así, y recordando las palabras de Tertuliano, “¿Qué tiene que ver Atenas con Jerusalén? seguía intentando adivinar cómo podrían unirse dos doctrinas diametralmente opuestas o cuáles eran sus puntos de coincidencia.

La primera idea que fluyó en mí después de leer el ensayo, fue cerciorarme de que por lo menos hubiera un elemento básico de la dialéctica materialista, para que él autor (Reith Thomas Funston) pudiera hablar de un establecimiento terrenal del Reino de Dios. Y si, efectivamente, podría decir que existe una “dialéctica de la justicia”. Aunque filosóficamente reducir el proceso dialéctico a una tesis, antítesis y una síntesis no es correcto, en la práctica común se hace libremente. Esa es la intención del autor cuando propone que “desde la crítica Marxista de la religión como el 'opio del pueblo' hasta llegar al secularismo Comunista” y desde “el Decreto contra el Comunismo de la Iglesia Católica”, se puede elaborar una idea o marco histórico que nos ayude a encontrar un punto en común para que doctrinas tan opuestas puedan dar a luz la justicia de la que habló Jesús.

Para empezar a delinear un marco de trabajo, tendría que hacer dos cuestionamientos. El primero tiene que ver con la consistencia entre “la moralidad Cristiana y “el pensamiento Marxista” como base ideológica de una nueva teología. El segundo, tiene que ver con la alineación de ambas doctrinas. Sí los dos cuestionamientos, pensamiento y consistencia, como base ideológica son compatibles, entonces podríamos aspirar a que de ellos emane “una Teología liberadora”. Para llegar a esta teología hará falta un elemento esencial del ideario Marxista: Revolución. Revolución no es sinónimo de guerra, revolución es un concepto dinámico para la justicia y el amor. Tal vez al lector le parezca demasiado utópico pero el esfuerzo per se vale la pena.

El primer punto de consistencia entre moralidad Cristiana y pensamiento Marxista es “la acumulación de la riqueza y la explotación de la clase trabajadora”. Marx pensaba que el concepto de “propiedad privada” incrustado en un “sistema de explotación” daría por lógica una “revolución”. Esta crítica es consistente con la doctrina Cristiana ya que Jesús también criticó a los oligarcas de su época, es decir, a la casta sacerdotal, aunque a decir verdad, no hizo la misma cantidad de criticas al Imperio que dominaba por aquellos días. El tema de la justicia es recurrente a lo largo de toda la historia bíblica, del mismo modo, la tesis básica del Marxismo encuentra su expresión en la búsqueda de justicia. ¿Estamos ante el tema de la justicia tanto en el Cristianismo como en el Marxismo? Diría que si. Pero todavía tendríamos que establecer el lugar dónde se establecería esta justicia, ¿el cielo o en la tierra?

Reith nos lleva a dar un breve paseo por la historia del Cristianismo con el propósito de evaluar sí algunos padres de la Iglesia tenían en mente los conceptos de justicia, acumulación de la riqueza y propiedad privada. Habrá que aclarar que ellos no utilizaban lenguaje marxista para definir estos términos. Empezando con San Juan Crisóstomo, teólogo del siglo IV d. C., Reith analiza la Homilía número 12 sobre la Primera Epístola a Timoteo, en ella, se da cuenta que Crisostomo utiliza el término riqueza acumulada como el principio y la fuente de la injusticia; además ve en la caridad el método que debería usarse por los Cristianos para evitar la acumulación de capital. Entre Marx y Crisóstomo existe un paralelo: “la acumulación de riqueza”. Para Marx, la acumulación no es ética porque requiere la explotación del obrero, mientras que en Crisóstomo, la riqueza no puede ser acumuladad eticamente porque produce avaricia, y tal avaricia conlleva a la explotación. Otro texto estudiado es De Nabute, escrito por San Ambrosio de Milán, en él Ambrosio menciona: “porque lo que ha sido dado en común para el uso de todos, te ha vuelto arrogante. El mundo es para todos, y no sólo para el rico”. ¿Estará predicando en contra de la propiedad privada San Ambrosio? ¿Existe una conexión entre el Marxismo y el Cristianismo?

Sí queremos entender la conexión entre el Marxismo y el Cristianismo primitivo habrá que hacer un esbozo de lo que cada doctrina representa. Hay pistas que nos llevan a delimitar lo qué significa el Marxismo, tales pueden ser: “el significado de producción, de riqueza, las cuales deberían estar concentradas en manos de los trabajadores, la abolición de la propiedad privada y la recompensa de acuerdo a las aptitudes del individuo”. Para hacer una comparación con el Cristianismo primitivo el teólogo José Miranda expone su visión de los pasajes del libro de Hechos, en Hechos 2:44-45 y Hechos 4:32-35.

Todos los que habían creído estaban juntos, y tenían en común todas las cosas; y vendían sus propiedades y sus bienes, y lo repartían a todos según la necesidad de cada uno.” (Hechos 2:44-45)

Una vez más podemos apreciar en este pasaje un común denominador, la abolición de la propiedad privada en favor de una sociedad en donde todos tuvieran lo mismo.

Y la multitud de los que habían creído era de un corazón y un alma; y ninguno decía ser suyo propio nada de lo que poseía, sino que tenían todas las cosas en común. Y con gran poder los apóstoles daban testimonio de la resurrección del Señor Jesús, y abundante gracia era sobre todos ellos. Así que no había entre ellos ningún necesitado; porque todos los que poseían heredades o casas, las vendían, y traían el precio de lo vendido, y lo ponían a los pies de los apóstoles; y se repartía a cada uno según su necesidad.” (Hechos 4:32-35)

En este segundo pasaje Miranda explica: “aparentemente la propiedad privada a desaparecido entre los creyentes, y podemos apreciar la organización política de la sociedad de creyentes. La riqueza se ha puesto a disposición de los apóstoles para ser redistribuida.Tampoco había necesidades entre ellos por que la gracia de Dios permitía que repartiesen sus posesiones.” ¿La re-distribución de la riqueza es obra de la gracia de Dios?

Paul Tillich, teólogo alemán y opositor al nacional socialismo era comunista, o por lo menos creía en las tesis básicas del Marxismo. Para Tillich la llegada del Reino de Dios significaba una cosa: el Reino sería la materialización del Comunismo. Entonces, sí los puntos en común que ya hemos analizado nos sirven de apoyo para decir que el Comunismo y el Cristianismo están a favor de la abolición de la propiedad privada y la re-distribución de la riqueza, sólo falta establecer una cosa, en dónde se materializará el Reino.

La crítica del Comunismo a la religión es que el Reino de los Cielos será en el Cielo. Esté argumento sirve para justificar que el creyente se prive de posesiones materiales aquí en la tierra. Que su vida sea un continuo andar empobrecido y que la Iglesia sea el albacea de los bienes que heredará en la otra vida. Pero el argumento tiene dos problemas importantes, primero “lo que está escrito en la Biblia parece hablar más sobre un Reino en la Tierra; y segundo, la importancia del inevitable día del Juicio antes de que los justos lleguen al Reino de Dios en el cielo”. Por otro lado, la crítica Cristiana al Marxismo comprometido con el materialismo “merece ser discutida no por su mérito teológico o su poder demagógico, sino porque es una de las pocas cosas que la crítica de la teoría Marxista expone por la forma de haberse llevado a cabo durante su vida”.

Como Cristiano y Marxista, mi obligación es poner en la balanza no sólo lo bueno de una perspectiva. Sí bien existen puntos en común entre la teoría Marxista y la doctrina Cristiana, también hay aspectos negativos que se deben analizar. Uno de ellos se encuentra en la crítica de Marx al Cristianismo, en dónde para él no hay ningún grado de compatibilidad entre estas dos posturas. Tales objeciones las expresa Marx en su Crítica de la Filosofía del Derecho de Hegel en dónde dice: “La miseria religiosa es, de una parte la expresión de la miseria real y, de otra parte, la protesta contra la miseria real. La religión es el suspiro de la criatura agobiada, el estado de ánimo de un mundo sin corazón, porque es el espíritu de los estados de cosas carentes de espíritu. La religión es el opio del pueblo. La superación de la religión como la dicha "ilusoria" del pueblo es la exigencia de su dicha real. Exigir sobreponerse a las ilusiones acerca de un estado de cosas vale tanto como exigir que se abandone un estado de cosas que necesita de ilusiones. La crítica de la religión es, por tanto, en germen, la crítica del valle de lágrimas que la religión rodea de un halo de santidad.”

Durante un par de siglos los intérpretes de Marx han hecho una interpretación equivocada de la famosa declaración Marxiana: “la religión es el opio del pueblo”. Al parecer, esta declaración y su contexto pusieron a la religión como cómplice del capitalismo. Sin embargo, “lecturas modernas de los escritos de Marx sugieren que él no estaba hablando de la religión como institución opresora del proletariado; sino todo lo contrario, es una respuesta al capitalismo de parte de la clase trabajadora.” Denis Janz hace alusión a lo dicho por Marx en su libro World Christianity and Marxism (El mundo Cristiano y el Marxismo), donde dice:

la religión es el fin del síntoma, la pus del mundo enfermo, [y] la fiebre de una sociedad enferma. Sin embargo, no es necesario ver a la religión desde esa perspectiva. El Cristianismo junto con el Comunismo Bíblico, empieza con la declaración de la abolición de la propiedad privada y la re-distribución de la riqueza como Gracia de Dios, para entrar al Reino de Dios el individuo debe estar dispuesto a entrar en una sociedad comunista, la religión debería funcionar más como cocaína que como opio.

La religión como “cocaína” es una metáfora que no pretende hacer apología de su uso, sino hace referencia a su efecto como factor desencadenante, al despertar de un letargo, a la revitalización del hombre. Sí la religión en vez de servir a los intereses privados, a los grandes capitales y al poder; fuera un catalizador del mal que produce el amor al dinero entonces estaría cumpliendo su función.
¿Y cómo encaja el problema del mal en toda esta diálectica? El problema del mal que en este sentido se traduce como amor al dinero, como avaricia, como afecto por la propiedad privada y la explotación del hombre por el hombre, solo podrá ser vencido mediante el juicio escatológico; pero en la lógica Marxista juicio significa revolución. ¿Qué tipo de revolución? ¿Una revolución violenta?
Reith lo explica de la siguiente manera:

Sí el Cristianismo es usado como símbolo más que como un calmante para las masas – sí enseñamos a los trabajadores a construir el Reino de Dios en la Tierra y al hacerlo detenemos su explotación, la revolución comunista debería continuar. Por ejemplo Tito habla de esto - porque la gracia de Dios se ha manifestado para salvación a todos los hombres, enseñándonos que, renunciando a la impiedad y a los deseos mundanos, vivamos en este siglo sobria, justa y piadosamente, aguardando la esperanza bienaventurada y la manifestación gloriosa de nuestro gran Dios y Salvador Jesucristo. La revolución, como (gracia de Dios), también ofrece salvación, y los Cristianos son enseñados a decir NO al mal (el capitalismo). El Cristianismo tiene un increíble poder político.”

Así, de esta forma, la síntesis en el mundo actual entre marxismo y Cristianismo podría ser: La teología de la liberación. La teología de la liberación nos brinda el “cómo” de la revolución, el cómo del amor fraterno, el cómo sobre limitar el poder autoritario, el cómo vivir en comunidad, el cómo sembrar gracia y cómo recibirla, cómo re-distribuir la riqueza, cómo originar las funciones del Estado.

“Las enseñanzas del Cristianismo y del Marxismo pueden ser perfectamente alineadas, incluso su escatología es casi idéntica: en el Cristianismo, el eventual fin de la historia es como el Reino de Dios en la tierra, y para el Marxismo dicho fin es el Comunismo. Estos dos finales de la historia son muy similares, con una perspectiva social Cristiana emergiendo para abolir la propiedad privada y distribuir la riqueza conforme a cada necesidad del mismo modo en que el comunismo debería ser entendido. La cuestión sobre el cómo debería cumplir tal escatología, y por tanto cómo pueden ser alineados el Cristianismo y el comunismo, no tiene una respuesta absoluta. Sin embargo, la Teología de la Liberación como la han venido propuesto y pensando personajes como Leonardo y Clodovis Boff, y Gustavo Gutiérrez ofrece un fuerte acercamiento conceptual sobre cómo las dos escuelas de pensamiento pueden combinarse para seguir adelante”.


El artículo completo lo puede ver aquí:http://zizekstudies.org/index.php/IJZS/article/view/1011



















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