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Lección 13 - Jesús Ha Abandonado El Edificio



Michael Hardin


No podemos comenzar con la cuestión de la divinidad de Jesús sin contestar primero la pregunta sobre cómo entendemos su vida, es decir, cuánta congruencia hubo entre lo que enseñó y cómo lo vivió. Si no contamos la 'historia' correctamente, ni contextualizamos, podemos incurrir en la falacia de entrar directamente en la metafísica de Nicea, en consecuencia, debemos abandonar la erudición bíblica científica. Pensar que hablar de forma abstracta sobre el ser humano y la divinidad puede puede ayudarnos a resolver fácilmente el rompecabezas es una puerta falsa, y más aun hacerlo sin considerar el conocimiento científico (crítica-histórica) es un suicidio intelectual y corta completamente el mundo del pensamiento Evangélico. El mundo no tiene interés en un Jesús metafísico; todo su enfoque está en el Jesús de la historia, no en el Jesús del Cristianismo. Debemos ser capaces de demostrar adecuadamente cómo obtenemos de uno (lo histórico) y del otro (lo teológico). No estamos diciendo que no haya lugar para el lenguaje metafísico o sus categorías, pueden tener un propósito útil, pero ya no son hipótesis de trabajo.

Al tener una apreciación clara, coherente y actualizada de todos los estudios sobre el Judaísmo del Segundo Templo, estamos en posición de hablar adecuadamente de la humanidad de Jesús. No puedo decirles la gran cantidad de literatura que ha surgido de estos estudios. La buena noticia es que la última búsqueda ha dado como resultado más o menos una treintena de libros muy buenos. Jesús no debe ser entendido a la luz del Antiguo Testamento sino a la luz de cómo se usó el Antiguo Testamento en el Judaísmo del Segundo Templo. Existe una gran diferencia entre las dos concepciones.

El dilema que se plantea entre los Gentiles siempre ha sido “¿Quién es Jesús en un contexto Griego?" Con el virtual colapso (y reorganizando) los esfuerzos del Cristianismo Judío después del año 70 EC, la memoria regreso a los textos, y a Jesús se le relacionó, no con el Judaísmo, sino con la Septuaginta, el canon de la diáspora Judía. Todo sucedió en un contexto Mateano y se debió a la influencia de Justino en la hermenéutica Cristiana del siglo II, además de métodos rabínicos que relacionaron a la comunidad emergente de aquellos años con la LXX por medio del cumplimiento de la profecía. Ya en el siglo II, comenzó a desvanecerse la relación entre el Cristianismo y el Judaísmo real, por tanto se creó un Judaísmo ficticio que avanzaría. El creyente promedio sentado en el banco de la iglesia tiene una idea muy elaborada de cómo era el Judaísmo del Segundo Templo; es una idea tan del siglo XIX. No es de extrañar que el Jesús de tales iglesias tenga un aspecto bastante extraño. En cualquier caso, la forma en que esta pregunta se resolvió no tuvo como objeto poner a Jesús en el Judaísmo sino hay otra historia de fondo ...

Para resolver el acertijo de "¿Quién es Jesús en un contexto Griego?", la tradición apologética Cristiana del siglo II metió a Jesús y a la historia de Dios dentro del Reino de la Filosofía Griega. Justino Mártir hace esto con su doctrina del Logos. Todos lo hacen tipológicamente, pero no todos son sacrificiales. Apenas cincuenta años más tarde Orígenes casó a la filosofía Griega con la doctrina Cristiana y ese ha sido un matrimonio largo, pero no siempre feliz. Desde Justino Martir hasta Karl Barth ha existido la pregunta “¿Quién es Jesús?" junto a ella, toda una serie de suposiciones filosóficas, la de Platón, y luego la de Aristóteles. La doctrina Cristiana siempre se ha hecho en el mundo de los Gentiles desde este marco, no ha conocido otra forma.

Estoy proponiendo que la salida a este miasma sea volver a la humanidad de Jesús en la cruz, como el Segundo Adán, el ser humano, el verdadero humano, el Bar Enasha, ho huios tou anthropou, hijo de humano, el hijo del hombre. Aquí vemos la lucha de los dos Adán, el Antiguo Adán muriendo, el Nuevo Adán llegando a la expresión, la finalización de la creación, el 'tetelestai'. Solo la Narrativa de la Pasión tiene una estructura tan firme que puede apoyar todo esto.

A lo arriba expuesto agregue la teoría mimética, sus perspectivas sobre la Pasión y habremos recorrido un largo camino en la comprensión de la muerte de Jesús, la muerte de Jesús abarca todo, porque en su muerte, toda la primera creación acaba y se planta la semilla de la nueva creación... Ya sabes el resto de la historia. Recuerde, la primera creación, creada en el espacio-historia tomó seis días 'tov', y el séptimo día fue 'tov, tov.' Sin embrago, todavía estamos esperando el momento en que Dios será "todo en todos" o 'tov, tov, tov.'

Insistamos en poner a Jesús nuevamente en el mejor contexto posible, podemos leer las obras de referencia del Judaísmo del Segundo Templo, podemos ver claramente las alternativas teológicas disponibles para entender cómo eligió la manera de confundir a todos. En la Cruz podemos ver el poderoso enfoque en que se narra su vida. Hasta aquí apenas tenemos solo una parte sobre cómo desarrollamos y vivimos el Jesús que queremos conocer y amar. Recuperar la humanidad de Jesús es el único camino para reconocernos como humanos, ¡cualquier cosa que digamos sobre Jesús debe ser históricamente viable! ¿Por qué? Porque será su vida lo que estaremos siguiendo. Y no deseamos seguir un retrato ingenioso. Aquí es donde el Jesús textual (por el cuadrilátero) se convierte en un claro correctivo de lo “histórico”. Los libros sobre Jesús, en la medida en que sabemos lo que separa un 'buen' libro acerca de Jesús de uno 'malo': explican la percepción que tuvo Jesús de la violencia sagrada. Lo sabemos gracias al camino trazado por Marcos-Lucas-el Cuarto Evangelio-Pablo-Hebreos en contra de Mateo. Ya está allí en el Nuevo Testamento.

En mi "cuadrilátero" cristologizado, hablo del "Jesús histórico" (Razón). Los otros tres, el Jesús textual, el Jesús resucitado y el Jesús eclesial (Escritura, experiencia, tradición) ya no pueden darse el lujo de desvincularse del cómo el mundo conoce a Jesús o cómo un retrato creíble de Jesús debe ser creado. Hasta este punto se han hecho retratos con apelaciones a términos filosóficos abstractos o técnicas místicas, pero ninguno es creíble, son, en el mejor de los casos, reclamos fantasiosos. Pero, y es un gran pero, notarán que puse explícitamente “el Jesús histórico" entre comillas a diferencia de los otros tres. Lo hago para indicar que, como toda ciencia, está manera de explicar a Jesús tiene un carácter transitorio; usualmente lo que tiene una larga vida en términos de hipótesis suele ser seguro. No se puede desarrollar una cristología simplemente a partir del estudio del “Jesús histórico". Simplemente no es posible. ¿Por qué no?

Porque carece del componente que enlaza las otras tres áreas, textual, eclesial y experimental: a saber,
el discipulado. ¿Porque es importante? Me alegro de que lo haya preguntado. Es importante solo por esta razón, en este Evangelio la epistemología requiere participación, debemos cambiar nuestras mentes, la forma en que pensamos, y lo hacemos mediante la práctica, el aprendizaje o el discipulado. Es la tradición del Evangelio de Jesús de la Mayoría (el Jesús textual) en el vemos a quien encarna las semillas de la destrucción del mito de la violencia redentora (Wink) y quién vive en comunión con Dios. Hacemos esto como comunidad, como aquellos que comparten el viaje juntos. Para algunos este viaje implica comunión física, para otros comunión virtual. El objetivo de una comunidad es darse la oportunidad de practicar el perdón mutuo cuando nos hayamos herido, es aprender a ser una bendición cuando eso es difícil hacerlo; es aprender a amarnos unos a otros ... es donde nos convertimos en el cuerpo de Cristo. Este es el elemento eclesial (Tradición). [En este punto hay una larga digresión sobre la práctica Catequética de la primera iglesia y cómo funcionaban documentos como la Didache, la relación entre el credo y el catecismo debe estar garantizada.]

Finalmente, con algunas excepciones (aquellos neurológicamente incapaces de 'procesar' o experimentar emociones), todos sabemos lo que es “amar a Jesús". Lo que hemos amado durante mucho tiempo es la idea de Jesús como el compañero ideal, Jesús el compañero perfecto, Jesús el amante perfecto o lo que sea. En nuestra experiencia Occidental tal idea se define por categorías narcisistas cuando hablamos de espiritualidad. Si nuestras experiencias post-resurrección no coinciden con aquellas de los discípulos, como admitir que no reconocemos a Jesús, o que le tenemos miedo o que estamos cegados por la Cuestión, no podremos liberarnos de esa espiritualidad egocéntrica y de un evangelio repleto de todo tipo de justificación bíblica y psicológica.

Necesitamos al Cristo crucificado, debemos vernos a nosotros mismos como los que penden de esa cruz. Ese es el lugar apropiado para comenzar, donde lo viejo muere y lo nuevo surge. Esto une la expiación y el discipulado en una relación muy cercana. ¿No dijo Jesús que seguirlo significaría aprender a llevar una cruz diariamente? ¿Cómo puede haber un reclamo de conocer a Jesús si no se le sigue en vida? ¿Cómo se puede seguir a Jesús si no se le conoce? (Un anabaptista del siglo XVI, Hans Denck dijo “nadie puede conocer verdaderamente a Cristo a menos que lo siga en vida, y nadie puede
seguirlo verdaderamente a menos que primero lo haya conocido"). El discipulado tiene un rol en la epistemología Cristiana y esta epistemología es precisamente la de la Cruz, porque 'tomar la cruz' no es valorizar el sufrimiento sino estar dispuesto a vivir orientado en todo momento como una víctima indulgente. ¿Estamos dispuestos a mirar el mundo a través de los ojos del Padre, a través de los ojos y las oraciones de Jesús?

Esta orientación, que no es sacrificial, solo puede darse en una ética no retributiva que vemos en el Sermón del Monte (podrán decir lo que quieran sobre el escritor del Evangelio de Mateo, pero este en particular de sus cinco discursos es un obra maestra). La expiación es el discipulado. Vivir una vida 'Cristiana' es vivir una vida cruciforme. “Estoy crucificado con Cristo ... " No es represalia (que implica una elección) sino es indulgencia y misericordia (que también implica una elección). Por esa razón se le llama discipulado, un "aprendizaje", lo aprendemos poco a poco, y todos lo aprendemos de un Maestro con quien llevamos el mismo yugo, porque su yugo es fácil y su carga ligera.

Esta misma ética cruciforme y su teoría de expiación sugieren una espiritualidad orientada hacia oraciones de perdón para el enemigo. Esta será una espiritualidad que evita los códigos de santidad y los modelos katafaticos de “escalera" (a menos que se trate de descender), y trata al otro con amor. Esta espiritualidad no está orientada a una hermenéutica del Deuteronomio ni depende de un Deus ex machina. Sino está orientada a la tierra, centrada en la creación, es abundante y liberadora, sirve y es humilde, pacifica y redime. Conoce el Silencio tan íntimamente como el “¡Aleluya!"

Es en el discipulado sub teología crucis donde llegamos a ver que nuestra hermenéutica, la misma teoría que usamos para interpretar las Escrituras y la cultura, la que vivimos a diario, es el fundamento de nuestra espiritualidad terrena, es la ética que exhibimos en nuestras relaciones, es el Evangelio que proclamamos, es la historia que contamos, y las implicaciones de esa historia (nuestra teología). Todas las implicaciones, cerradas, abiertas y continuas siguen regresando a la Cruz (la Pasión Narrativa). La única pregunta que debemos responder es: "¿con qué ojos podemos ver el Calvario?"

Este es un elemento de lo que Pablo dijo cuando escribió a los Corintios (2 Cor 4) que siempre llevemos en nuestro cuerpo la muerte del Señor Jesús. O cuando le dice a los Gálatas: “Yo estoy crucificado con Cristo, sin embargo vivo, por lo tanto no soy yo el que vive sino la vida que ahora vivo en este cuerpo, la vivo por la fidelidad a Jesucristo". Es una vida de total orientación, un vivir sub theologia crucis. Pero esto también explica el hecho de que la teología hecha de esta manera no bifurca la vida cristiana en teología, ética, espiritualidad, etc. Sino percibe la vida Cristiana como vida integral y de calidad. Aquí se afirma la verdad, aquí mismo, en la Cruz. Hay una verdad y solo una verdad que no pertenece a ningún ser humano que participa de ese día o cualquier otro día, a excepción del ser humano colgando entre dos ladrones. Solo él poseía la verdad y entendía la verdad de lo que pasaba. Él solo habla la verdad de Dios. Algunas mujeres y el discípulo amado lo presenciaron ese día. Cada testigo del Evangelio, Marcos, Lucas, el Cuarto Evangelio y Pablo, incluso Mateo traen todos los conceptos a la Cruz. ¿La carta a los Hebreos? No importa cómo lo intentemos, no podemos escapar de su gravedad.

Un buen obrero tiene su caja de herramientas preparada con todas las herramientas necesarias para su trabajo, pero también tiene algunas favoritas. Entonces, el buen exegeta traerá todo tipo de herramientas para la interpretación del texto. Si la iglesia tiene una oración para el mundo posmoderno, asumiendo que no es una superstición, esta debe salir de la cabeza la arena anti-intelectual en la que está enterrada. Un cristianismo que no es capaz de conversar con las ciencias no es Cristianismo en absoluto. En el mejor de los casos, será una expresión piadosa con algún valor redentor moral o social, pero mientras ese Evangelio permanezca dentro de la Iglesia no es Evangelio.

El Cristianismo contemporáneo debe enfrentar que: Jesús ha abandonado el edificio.

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