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¿Toda Religión es Opio del Pueblo?


Los seres humanos necesitan más que sólo satisfacción material; también necesitan sustento espiritual, algo que haga a la vida más digna.

George Lundskow

A finales de 1844, Karl Marx escribiría otra más de sus famosas críticas. Por aquella época escribir una crítica no tenía un sentido de defensa, por el contrario, se instalaba en la categoría de filosofía argumentativa. En “crítica de la filosofía del derecho de Hegel”, Marx argumenta que la religión ha llegado a su fin. ¿Pero, de qué religión habla Marx? ¿Habla en general o en particular de la religión?

Todos o casi todos, alguna vez hemos escuchado que “la religión es el opio del pueblo”. Está premisa bastó para que los enemigos de Marx lo pusieran contra la pared, especialmente el sector reaccionario de la Iglesia Católica. ¿Qué dijo Marx? contextualicemos:

“La miseria religiosa es, de una parte la expresión de la miseria real y, de otra parte, la protesta contra la miseria real. La religión es el suspiro de la criatura agobiada, el estado de ánimo de un mundo sin corazón, porque es el espíritu de los estados de cosas carentes de espíritu. La religión es opio del pueblo1

Es claro que para Marx, la miseria es el resultado de una secuencia dialéctica generada por la religión, ésta per se, no es opio sino el suspiro del pobre que ha sido sometido a un sistema que no tiene corazón, de un espíritu que carece de las condiciones necesarias para elevar el espíritu, es expresión pero también es protesta. Es la religión que oprime a las clases más humildes, una religión que se vale de los medios del derecho natural para pasar por encima de los derechos más elementales.

En este sentido, existen dos tipos de religión, la establecida que legitima el orden de la sociedad, y que es opresora. Pero también hay otro tipo de religión, la del tipo revolucionario, incluso, yendo más lejos podríamos decir una religión sin religión.2

Para Marx, lo importante de la religión era su sociología, es decir, sus estructuras culturales, económicas y sociales, era claro que la religión a la que se refiere era el Capitalismo y sus relaciones con la burguesía. La lucha por la hegemonía religiosa entre el Catolicismo Romano y el Protestantismo dio lugar a que éstas se refugiaran o tuvieran como aliados a la burguesía. George Lundskow afirma “la religión legitima el orden de clase. Enseña a la gente no solo a aceptarla, sino también a celebrar su subordinación y explotación”.3

En está estructura sociológica, Marx ve un interconexión entre filosofía y economía. “De la filosofía, Marx dibuja la preocupación existencial sobre la esencia de la existencia y el significado de la vida que determinan nuestra satisfacción espiritual y emocional. De la economía, los temas de producción y satisfacción material.”4 Esta es pues una relación entre dialéctica y materialismo. Para Della Volpe, filosofo marxista, está relación es “la que aplica la dialéctica a la realidad del idealismo. La dialéctica, en efecto, es negación de la negación. Pretender dialectizar los hechos, las cosas, es reproducir una concepción negativa o platónica de la materia (la materia como no ser)”5

Vivir en una sociedad en donde la religión se ha convertido en una estructura de creencias arregladas y de rituales vacíos como dice Feuerbach, es acercarse al precipicio del nihilismo. Sin embargo, Marx intenta ir más lejos, en dónde Feurbach mira una sociología de la religión, Marx mira alineación y enajenación del individuo en torno a su yo religioso. Lundskow lo explica así:

“Marx dibuja una distinción entre la religión trascendental, que es opresiva porque dirige a la gente a una visión de lo ideal basada en un bien no existente, y la posibilidad de una alternativa, una religión de este mundo que emana de nuestra experiencia, en consecuencia ofrece un potencial emancipatorio que valida la vida de los oprimidos y guía a un sentimiento revolucionario que acaba con las condiciones opresoras de este mundo”6.

La religión tal como la concibe Marx es “una teoría especifica y general del mundo que mantiene el orden social a través de la moral, las costumbres, rituales y creencias sobre cómo debería ser el mundo. Conecta lo individual para establecer el orden social, e incluso, justifica el orden establecido como sagrado y por lo tanto inviolable. Rebelarse contra la sociedad es rebelarse contra lo divino.”7

Entonces, en la concepción Marxiana de la religión, “ésta es el mundo al revés, porque pone la realidad material como producto de Dios y de la religión” (expresión). Sin embargo, “la misma religión pone de manifiesto la opresión, porque es clamor del oprimido”8 (protesta). La religión con todo su sentido de trascendencia no pretende dar a luz un materialismo que satisfaga nuestros anhelos terrenales, sino como antítesis de lo trascendente busca realizar al individuo alejándolo de la enajenación para hacerlo libre.

Marx en su crítica a la religión no condena todas las religiones sólo por ser religiones. Sino que condena a “la religión que se vuelve opresiva utilizando verdades universales y eternas sobre las cuales una Divinidad implacable y omnipotente preside.”9 La herencia del Idealismo en la concepción Occidental de la religión, que es el Cristianismo, convierte al individuo en un ser irrelevante, una religión anti-idealista o de la tierra, como Bloch o Moltmann nos han presentado los principios de esperanza, es una religión basada en las condiciones del mundo real, opuesta a las religiones sacrificiales que tienen como prerrogativa el castigo, el miedo, la opresión, es decir, una economía de intercambio de deidades no existentes.

La religión de un Dios trascendente que se vuelve tirano es opio del pueblo. En nuestro mundo posmoderno, un Jesús como arquetipo del oprimido que se preocupa más por el bien material tiene más cabida en la concepción de la religión. La religión que no es opio del pueblo, es la religión sin religión.

1Karl Marx, Crítica a la filosofía del derecho de Hegel, p.1, 1844
2John D. Caputo, Sobre la religión, p.13, 2001.
3George Lundskow, The sociology of religion, p.18, 2008.
4Ibid, p.19.
5Rubén Dri, La evaporación de la dialéctica, p3.
6George Lundskow, The sociology of religion, p.20, 2008.
7Ibid, p. 20
8Ibid, p. 20.
9Ibid, p. 21

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